lunes, 19 de agosto de 2019

Comics, súper héroes y afines




El furor que ha causado en algunos sectores de la población venezolana el estreno del último film de súper héroes migrados de las tiras cómicas en periódicos y del viejo “suplemento” a la televisión y, más recientemente, al cine y videojuegos, tocó mis recuerdos sobre lo ocurrido desde enero de 2019 en ciertas manifestaciones políticas, donde pudimos ver gente disfrazada de Capitán América o Batman –entre otros personajes–, cuyo episodio más “curioso” hasta ahora, a mi entender, aconteció la mañana del domingo 27 de enero en la iglesia de Santa Bárbara (parroquia Caracciolo Parra, municipio Libertador del estado Mérida), cuando el cura de turno ofició misa flanqueado por dos jóvenes, a la sazón ataviados como el Capitán y la Capitana (?) América.



Una pregunta: ¿Qué habrá detrás de los súper héroes?


En su polémico ensayo publicado en 1959, La literatura y sus enterradores (recogido en Literatura y subliteratura, Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1966. Referencia para todas la citas textuales que siguen), el catedrático Segundo Serrano Poncela (SSP) expone con cierta preocupación que:


Hace años, el psiquiatra G. Legmann publicó en la revista Neurótica un artículo sumamente aleccionador, en cuyo párrafo inicial, tajante y afirmativo, se manifestaba que las generaciones norteamericanas posteriores a 1930 no saben leer bien, no muestran interés en el aprendizaje, siguen desinteresándose y no aprenderán nunca, consistiendo su máximo esfuerzo intelectual en descifrar carteles publicitarios, oír programas de radio y televisión, asistir al cine y hojear revistas ilustradas y comics. En tales condiciones, no le parecía aventurado afirmar que la letra impresa, en Estados Unidos, se encuentra en vías de desaparición como instrumento elevador de la cultura. Creo que el pronóstico ahora mismo continúa siendo válido y, por desgracia, extensivo a otros países.

(…)

El secreto del éxito sin precedente de los comics se debe, en buena parte, al uso que hacen de la explotación de los instintos sádicos y la violencia en niños y adultos de inteligencia retardada. Consagrados en su mayoría (…) al culto de los puños, las armas, la astucia y la muerte (…).



¡Y eso que ni Legmann ni Serrano Poncela conocieron a las nuevas generaciones, adictas a los videojuegos y a la internet!



Industria del entretenimiento versus entretenimiento inocente


Hoy conocemos de sobra la existencia de las grandes industrias del entretenimiento (suena inofensivo, ¿no?) que están detrás de la reaparición de antiguos súper héroes, dos de las cuales (Marvel y DC Comics) se pelean –al mejor estilo de sus personajes– por la tajada más voluminosa de ese mercado planetario y multimillonario en dólares y en cantidad de consumidores. SSP bosquejó de forma algo escueta pero eficaz, lo que en ese entonces (1959) todavía era una maquinaria incipiente:


La vasta y bien organizada industria del comic tiene a sus servicios expertos en publicidad, psicólogos y pedagogos, amén de autores y dibujantes, y trata de extender su esfera de influencia con el minucioso cuidado que pondría en ello el más exigente empresario en una isla de Utopía [SSP habla con ironía y para ello se refiere al Estado ideal descrito por Tomás Moro en su libro Utopía, donde los ciudadanos se esfuerzan para obrar de forma óptima en función del bien común]. Abarca entre sus consumidores desde la tierna criatura de instintos aún indiferenciados, que cuenta con seis años de edad y gusta pelar vivos a los pajaritos, hasta el imberbe adolescente y buen número de adultos (…).


(…) Tales sujetos imaginarios [los súper héroes] propuestos a la admiración imitativa y beata de millones de adolescentes, pertenecen al mundo de la maravilla técnica, son esquemas de ideales hombres del futuro capaces de atravesar, raudos como la luz, distancias inverosímiles, hacerse invisibles, perforar las paredes, detener al sol si es preciso. Estas cualidades son puestas al servicio de un tipo peculiar de justicia que subvierte el orden jurídico colectivo y propugna de nuevo, al cabo de aparentes milenios de progreso, la ley del Talión y la venganza privada. Ni jueces severos ni policías activos sirven para mantener el orden; aún más, son superfluos. Basta con la instancia única e inapelable del hombre de puño de hierro, ya que donde aparece impone la ley, la venganza se cumple, se restablece la justicia de acuerdo con su mejor saber y entender.

(…) la moraleja antes explícita en los fabulistas (…), pierde ahora edulcoración y es sustituida por otras más sencillas de aprender que podrían resumirse así: el astuto siempre gana, desarrollemos los instintos de agresividad, simplifiquemos la mente porque toda singularidad intelectual segrega de la masa. Esto repetido millares de veces, no deja de producir sus efectos.



No sé por qué, pero acabo de recordar de nuevo las manifestaciones políticas de la derecha venezolana en enero de este año (2019).



¿Quiénes son los enemigos de los súper héroes?, ¿cuáles las amenazas y los peligros que conjuran?


La industria del cómic y ahora también las del cine, la televisión y los videojuegos, se encargan de mantener los niveles de miedo, violencia y estupidez necesarios para que, en principio, el pueblo estadounidense y por extensión del negocio y la transculturización, el resto del “mundo libre”, sean proclives a entregar sus libertades a cambio de seguridad. Así, en períodos bien definidos, el rostro de los enemigos en la industria del entretenimiento ha tenido distintos rasgos (II Guerra Mundial: alemanes y japoneses; Guerra Fría: soviéticos y alemanes orientales; desde finales del siglo XX: árabes y musulmanes, y más recientemente se les han sumado chinos y rusos). Sin embargo, existe una especie de enemigo “comodín” que en momentos de baja beligerancia ha sido el encargado de sembrar el terror: el alienígena interplanetario, ser que reúne lo peor de esos extranjeros que les quitan el sueño. Acerca de ellos también nos habló SSP:


Para el cerrado cuerpo de Superhombres desconfiados y desafiantes, cada ciudad encierra en potencia un grupo de conspiradores, traidores y espías; los secretos militares se encuentran siempre a punto de ser sustraídos por el enemigo; los cargos públicos están ocupados por gentes corrompidas, en el planeta Marte o en la Luna se prepara una invasión de la Tierra; bombas atómicas son almacenadas en lugares misteriosos con objeto de atentar contra la humanidad, etc. Histeria colectiva e imaginaria. Allá donde el ejército, la marina o los servicios de inteligencia resultan impotentes aparecen Super Acqua, Black Terror, Captain Marvel, Golden Arrow y el conflicto queda resuelto. Parece imposible que millones de jóvenes y adultos sean capaces de devorar esos miles de imágenes (…) sin entumecerse de estupidez.



No sólo de súper héroes vive el hombre


Fuera del circuito de los grandes monstruos del entretenimiento, siempre han existido comics de naturaleza distinta a la mencionada más arriba. Muchos incluso han sido llevados al cine y/o la televisión, claro, sin una gran pretensión ni el enorme respaldo económico, técnico y comunicacional del que gozan las creaciones de las principales productoras estadounidenses. Generalmente sus protagonistas no son súper héroes, sino más bien anti héroes alejados de los estereotipos impuestos por Marvel y DC Comics, o héroes/heroínas con referentes históricos o culturales locales. Como es de suponer, esos “fuera de serie” no alcanzan una difusión “global”; sin embargo, suelen traspasar las fronteras de sus países de origen y tener buena acogida entre público de otras naciones. Estos comics de autor tienen en común el hecho de que entre sus ingredientes infaltables están el humor y el ingenio, combinación que acaricia el intelecto de quienes se dejan atrapar por sus aventuras y desventuras. A continuación les dejo una lista muy pequeña, pero donde prevalece la diversidad, como invitación a explorar comics alternativos a los de súper héroes:

  • Asterix el Galo (René Goscinny y Alberto Uderzo), la historia trastocada de las Galias y sus alrededores (Francia);
  • Elpidio Valdés (Juan Padrón), un coronel mambí y sus peripecias en la Guerra de Independencia de Cuba (Cuba);
  • Mafalda (Joaquín Lavado “Quino”), una niña sensible al acontecer mundial que cuestiona lo que ocurre a su alrededor (Argentina); y
  • Mortadelo y Filemón (Francisco Ibáñez), cómo a pesar de torpezas de todo tipo se puede llevar una agencia de detectives y sobrevivir (España).

    Alexis Espinoza
    abril/mayo 2019

domingo, 18 de agosto de 2019

¿Qué tal?





Nuestro recuerdo más reciente de José Rodríguez Iturbe data del Carmonazo. El 13 de abril de 2002, cuando Pedro Carmona Estanga (presidente de Fedecámaras, conciliábulo de la plutocracia criolla) “animado” por el pueblo que se agolpó frente al palacio de Miraflores, pegó la carrera y dejó atrás a buena parte de sus flamantes ministros e invitados a la bacanal golpista, quedaron regados una serie de objetos y papeles (algunos muy curiosos, como la casaca de cierto almirante edulcorado que se quitó el uniforme antes de huir valientemente), entre los cuales se encontró una lista titulada Candidatos, con anotaciones de puño y letra del mismísimo presidente auto nombrado, de donde a propósito de la tan cacareada y necesaria separación de poderes, vale destacar los nombres de quienes juramentaría como titulares de la Contraloría General de la República (Liliana Hernández), el Ministerio Público (Gerardo Blyde) y el Tribunal Supremo de Justicia (Alan [sic] Brewer Carías, Román Duque Corredor, Carmen Elena Crespo y Carlos Ayala Corao), cuyos nombramientos en ningún caso le corresponden al Poder Ejecutivo. Por cierto, el espacio donde debía estar el nombre de quien ocuparía la Defensoría del Pueblo se encontraba vacío (eso de defender al pueblo como que no estaba en las prioridades del “gobierno de unidad nacional”)… bueno, detallitos del poder absoluto.

Como venía diciendo, nuestro recuerdo más próximo de Rodríguez Iturbe es de aquel día, en la lista, donde apareció junto a Fernando Gerbasi, candidateado para el Ministerio de Relaciones Exteriores, solo que había un visto bueno en el nombre del primero y estaba tachado el del segundo.

Apenas cinco años antes (1997), José Rodríguez Iturbe había publicado Repensar la política (El Centauro Editores, Caracas), de donde ofrecemos el fragmento que sigue:
La oligarquía es cobarde. Teme a las convulsiones en el seno de la comunidad. Procura no acercarse jamás a los escenarios de combate. Y si se acerca, deja a sus muertos y heridos en el campo de batalla. A pesar de su infantil apoliticismo, esa plutocracia sabe que el caos la devoraría a ella antes o a la par que a los políticos. La plutocracia busca cómplices, elementos conscientes o inconscientes; pero casi nunca se arriesga al protagonismo.

¿Qué tal?…

Alexis Espinoza
10 de marzo de 2019

sábado, 21 de abril de 2018

CONFLICTO DE BAJA INTESIDAD




El texto que sigue lo leí por primera vez a principios de la década del 2000; hoy lo que allí se dice está más vigente que nunca: EEUU no ha cambiado su libreto y a Nicaragua en estos momentos (abril de 2018) le están aplicando otra vez la vieja receta que le administraron en los años 80 del siglo pasado, y de la cual viene siendo víctima Venezuela desde que comenzó el siglo XXI. Así que cualquier parecido entre lo que se cita más abajo y lo que actualmente ocurre en Venezuela y Nicaragua no es ni remotamente una coincidencia.

“Conflicto de baja intensidad” en el Caribe: la fase preventiva
(En Venezuela y las relaciones internacionales en la cuenca del Caribe. Andrés Serbin [Compilador]. Coedición Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales y Asociación Venezolana de Estudios del Caribe. Caracas, 1987. Páginas 43-46)
Isabel Jaramillo Edwards
La percepción[1] estratégica norteamericana actual ubica a todo el Tercer Mundo en lo que se denomina área de “conflicto de baja intensidad”.
El “conflicto de baja intensidad” (LIC), según el Mandate for Leadership II de la Heritage Foundation[2] “es una estrategia a través de la cual los programas de ayuda pueden ser realizados en regiones conflictivas sin la carga ominosa que significa la intervención militar” directa. Esto significa tratar de evitar los debates en el Congreso. Los movimientos antibélicos, los marines muertos devueltos a Estados Unidos, en definitiva evitar todo aquello que significó un alto costo en la guerra de Vietnam.
Esta doctrina bélica contempla el uso de elementos paramilitares, guerra económica, propaganda y desestabilización, operaciones antiterroristas, etc. [...]
Aunque el concepto “conflicto de baja intensidad” se deriva de lo que los estrategas militares llaman “espectro del conflicto”, se está generalizando en el establishment de la defensa y think-tanks dedicados al tema, como concepto globalizador de una variedad de “hechos” y “sucesos” o “conmociones sociales” que se suceden en el mundo subdesarrollado producto de una situación de explotación crónica y creciente depresión económica y endeudamiento externo.
El ajuste del antiguo pensamiento estratégico y el desarrollo de una nueva concepción de la política que contempla la utilización de la fuerza militar como un instrumento de política exterior, se debe –según Weinberger– a “los cambios en la política internacional y en el equilibrio militar global” que han creado una “nueva geografía de conflicto” para lo cual es necesario “un aparato militar flexible y móvil que pueda adaptarse rápida y decididamente”[3] a los intereses de Estados Unidos donde quiera que estén.
[...]
Esta “nueva geografía” no es realmente nueva sino que retoma, adecúa y decanta viejas concepciones para justificar “intervenciones selectivas”[4] .
[...]
Se plantea que Estados Unidos debe estar preparado para enfrentar “una amplia gama de amenazas ambiguas en el área oscura entre la guerra de envergadura y la paz milenaria...”, reiterándose la necesidad de “estar preparados para comprometer su poder político, económico y, si fuera necesario, militar cuando la amenaza sea aún controlable y cuando su uso prudente pueda impedir que esa amenaza evolucione”[5].
[...]
El llamado “conflicto de baja intensidad” es entonces un concepto de dimensión estratégica que integra medidas políticas, económicas, sociales y militares que tienen por objeto “ganarse al pueblo” y “evitar ciertos resultados” obviamente referidos a procesos revolucionarios e incluso a medidas modernizantes o reformistas que tengan lugar en los países del Tercer Mundo, y que Estados Unidos estime que atentan contra sus intereses.  Incluye el uso de la fuerza militar como elemento “disuasivo”, y en una fase extrema del “conflicto de baja intensidad”, se contempla la participación directa de tropas de Estados Unidos cuando el país (o región) afectado no haya sido capaz de solucionar el problema en base a las medidas internas implementadas con ayuda y asesoría norteamericana en todos los niveles, para lograr la llamada “construcción de la nación”.
[...]
En Centroamérica, como “peligro inmediato”[6], el “conflicto de baja intensidad” se encuentra en la fase ofensiva. Estados Unidos financia abiertamente a la contrarrevolución, satura el escenario de maniobras y ejercicios bélicos con aparente intención “disuasiva” pero cuyo carácter potencialmente agresivo es indudable, además de obstaculizar soluciones negociadas[7], en un intento por revertir la revolución nicaragüense e impedir el avance del movimiento revolucionario salvadoreño de forma de mantener artificialmente y agudizar el conflicto local.



[1] Las percepciones adolecen de un peligro interpretativo porque corresponden a una interpretación intencional de la realidad donde inciden elementos de propaganda, desinformación y parte de información real dirigida interesantemente que puede encubrir la realidad o parte de la realidad misma.
[2] R. Shultz: Low Intensity Conflic. 1984. pp. 264-270.
[3] M.T. Klare: The Reagan Doctrine, Inquiry, March-April 1984.
[4] G. D. Foster: “On Selective Intervention”, Strategic Review, Fall 1983.
[5] G. Shultz: Remarks on Low intensity warfare conference, 15 de enero de 1986; National Defense University. Conferencia Convocada por el Departamento de Defensa y National Defense University.
[6] Isabel Jaramillo: Centroamérica: el peligro inmediato. Ponencia Conferencia contra la Carrera Armamentista por la Paz y el Desarrollo. La Habana, enero 1985.
[7] “Las negociaciones no son el objetivo de la política exterior norteamericana, son el medio por el cual se logra ese objetivo... sabemos que las negociaciones y la diplomacia que no están respaldadas por la fortaleza son, en el mejor de los casos, ineficaces, y en el peor de los casos, peligrosas”, G. Shultz, Discurso ante Veteranos, Chicago, 21-8-84.

lunes, 5 de febrero de 2018

Acerca de carné y otras palabras

         

Nuestra lengua al igual que las demás toma prestada de cuando en cuando alguna palabra de otra lengua; eso ocurre generalmente si ese vocablo nombra una nueva realidad; es decir, el préstamo lingüístico se da cuando lo nombrado (objeto, concepto, situación...) es nuevo entre nosotros, se incorpora a nuestra realidad y surge la necesidad de nombrarlo.

Lejos de lo que la mayoría de la gente cree, esos préstamos en sí mismos no son negativos; al contrario, son uno de los mecanismos a través de los cuales una lengua se mantiene viva, se oxigena para no desaparecer.
Existen varias vías para que la lengua española se haga de una palabra. En el caso de carnet (del francés), ticket o diskette (del inglés), por ejemplo, nuestra lengua escrita (sí, existe una diferencia sustancial entre la que hablamos y la que escribimos) las incorporó hace muchísimo tiempo tal como suenan en español y adaptadas a nuestra ortografía: carné, tique y disquete, aun cuando nos empeñemos en escribirlas en su lengua original.
En líneas generales, la incorporación al español de vocablos provenientes del latín es un poco distinta. Quizás por tratarse de nuestra lengua madre (de ella se derivan las lenguas romances, como la que hablamos) la Real Academia Española de la Lengua optó por reconocer el uso en español de ciertos nombres terminados igual que en latín, pero con marcación de tilde según nuestra ortografía (en latín no se usa tilde), en coexistencia con vocablos de ortografía absolutamente española, como es el caso de memorandum, que puede ser memorándum o, si lo preferimos, memorando (por cierto, el plural solo se debe formar a partir de memorando). Caso distinto el de algunas otras palabras donde no se usa ese híbrido latín-español, porque se requeriría modificar su raíz (como en stadium: habría que agregar al principio una e antes de la s; por eso en nuestra lengua solo se debe escribir estadio).


Alexis Espinoza
septiembre de 2003

domingo, 28 de abril de 2013

Vieja bomba, nuevo detonante




Podemos caer en la trampa de ver los hechos de violencia (entre ellos al menos nueve asesinatos cometidos contra hombres, mujeres y niños identificados con el chavismo) ocurridos durante la semana del 15 de abril pasado en varias ciudades del país, como el producto del "descontento" de un sector de la población por los resultados electorales del domingo 14 de abril. Ese descontento es solo el detonante de una bomba que ha venido siendo preparada por años. 

Utilizando medios de información privados, la mano oculta del fascismo desde hace tiempo se ha encargado de cultivar el miedo y sacar provecho de ciertos complejos de clase de millones de personas de la llamada "clase media" y de otros tantos aspirantes a subir los peldaños que hagan falta para alcanzar ese estatus. Lo más grave de esta situación no es la reacción de esa clase, sino la de quienes desconociendo su propio origen y condición rechazan de plano a sus iguales y terminan siendo objeto de su propia destrucción (sí, Bolívar nos lo advirtió).

A continuación podrás leer un texto de mayo de 2007 (publicado originalmente en Aporrea), el cual es un patético ejemplo de lo expuesto arriba. 



De Ojo de Agua al limbo

Soy vecino de la población de Cúa, en el estado Miranda. Vivo junto a parte de mi familia en una de esas modestas urbanizaciones que crecen como la maleza en las ciudades dormitorio. Llegamos allí de Caracas hace unos seis años y desde entonces nuestras vidas han mejorado bastante. Entre mi pareja y yo hicimos una “vaca” para la cuota inicial de la casa y gracias a la Política Habitacional vigente hoy pagamos unas mensualidades bastante cómodas (significativamente inferiores a las que comenzamos pagando en el año 2000). Mi hijo más pequeño (tiene 11 años ahora) no quiere ni ir de visita a Caracas: en Cúa estudia, tiene sus amigos y también sus animales.

¿Que por qué digo todo eso? Lo digo porque supe hace ya varias semanas que las precarias viviendas ubicadas donde estuvo el vertedero de basura de Ojo de Agua, iban a ser demolidas (como está ocurriendo) debido a lo peligroso de las emanaciones tóxicas, y que sus habitantes serían reubicados en unas nuevas viviendas.

Ha habido mucho alboroto al respecto: primero menudearon los reportajes acerca del peligro que corrían hombres, mujeres y niños donde antiguamente estaba el basurero; más adelante, se hacía saber sobre la inacción o lentitud de las autoridades para resolver el problema; después se ponía en duda que las viviendas que pudieran ofrecer las autoridades se fuesen a mantener en pie; más recientemente, se hablaba del drama de familias muy numerosas que podrían verse separadas con la asignación de las nuevas viviendas; también se ha escrito sobre la presunta persecución y el presunto maltrato de los cuales habrían sido víctimas extranjeros que habitan en Ojo de Agua (informan algunos medios que las autoridades de extranjería estarían deportando a los indocumentados); luego, que serían adquiridos lotes de viviendas en construcción en los Valles del Tuy para dar solución al problema y que los vecinos de la zona rechazan que las personas salidas del antiguo vertedero vayan a vivir junto a ellos, por cosas como que temen “(…) el choque cultural que se producirá con los habitantes de Ojo de Agua, pues sabemos que es uno de los barrios más peligrosos del área metropolitana” [Ana María Pérez: Desalojados de Ojo de Agua a urbanismos clase media en el Tuy. El Universal, pág. 3-6, miércoles 9/05/2007].

Pregunto yo, ¿dónde están los urbanismos clase baja donde –según parece– deben ser aisladas esas familias de cultura tan distinta a la nuestra?, ¿es que acaso pretendemos ser superiores a  la gente de Ojo de Agua y negarles de plano que puedan materializar su deseo de mejorar su vida, como nosotros lo estamos haciendo?

Mi familia y yo –como la mayoría de quienes viven ahora en los desarrollos habitacionales del Tuy– estuvimos viviendo por años en un barrio de Caracas, donde convivimos con gran cantidad de gente buena y donde también hay en menor medida antisociales (atracadores, traficantes de drogas, asesinos…); no por vivir ahora en una “urbanización”, disfrutando de cuatro paredes y un techo “propios” con sus respectivos cachivaches, se nos debe olvidar de donde venimos. La necesidad nunca nos llevó a mis padres o a mí a vivir en un rancho cerro arriba, pero he estado más de una vez en el hogar de personas aún más pobres que yo que viven en tales condiciones y que no por ello son criminales o desadaptados, ni merecen tal consideración.

¿Qué van a hacer entonces las familias de Ojo de Agua si son rechazados por todos los “cultos vecinos” de las urbanizaciones de “clase media” (¡Da risa!) de las ciudades dormitorio, construir guetos y mantenerse apartados para tranquilidad de los demás?

Creo que nos queda muy mal ver por encima del hombro a las familias de Ojo de Agua y condenarlas a permanecer en un callejón sin salida.


Alexis Espinoza
aliespimo@gmail.com
10/05/2007

miércoles, 6 de marzo de 2013

Estás


al Comandante Hugo Chávez




Estás en la sonrisa de cada niño,
en la inocencia de su picardía, en su deseo de tocar las estrellas,
en la expresión de su ternura, en la razón de su nobleza...

Estás en las arrugas de cada viejo,
en la certeza de saber que tienen quien los ame,
en el tesoro de sus recuerdos, la flor de su juventud…

Estás en la fortaleza de cada madre,
en la intuición que protege, en la teta que amamanta,
en el amor por sus hijos, por todos los hijos del mundo...

Estás en la esperanza de los pueblos,
en el corazón de millones y millones que sufren,
en su deseo de hacer justicia, en la hermosa decisión de asaltar la historia…

Estás en cada ocurrencia, en cada sentimiento, en cada pensamiento,
en todos los momentos, en todos los espacios posibles,
en ese espejo que a gritos nos dice: “ahora existen”…


Alexis Espinoza
6 de marzo de 2013

sábado, 27 de octubre de 2012

Intenso intercambio epistolar: "lenguaje de género"



Más abajo encontrarán transcritos varios correos electrónicos que en su conjunto corresponden a un intercambio epistolar acerca del llamado lenguaje de género. Intercambio intenso: desde dos puntos de vista diametralmente opuestos. Comoquiera que lo relevante es el intercambio de opiniones y los argumentos expuestos, me reservo la identidad de quien fue mi interlocutor.

Para entender en su justo sentido (el tono irónico) de la posdata  del correo del 22/04/2012 es preciso saber que mi interlocutor ingresó en un cargo medio a la Contraloría General de la República en la década de 1990 (durante la administración de Eduardo Roche Lander), que es socialcristiano (cosa bien sabida en la CGR) y que actualmente se desempeña como director (por encima de él en su línea de mando están solo su director general, el subcontralor y la contralora).


(10/04/2012)
[TEXTO REENVIADO POR MI INTERLOCUTOR Y QUE DIO LUGAR AL INICIO DEL INTERCAMBIO EPISTOLAR]

Carta de una profesora.

Los participios activos son de una sola terminación que le corresponde al género masculino y femenino , y al artículo y pronombres neutros.  Está escrito por una profesora de un instituto público nacional español 

CONTRA LA TONTUNA LINGÜÍSTICA, UN POCO DE GRAMÁTICA BIEN EXPLICADA:

Tengo 50 años y he tenido la suerte de estudiar bajo unos planes educativos buenos, que primaban el esfuerzo y la formación de los alumnos por encima de las estadísticas de aprobados y de la propaganda política. En jardín (así se llamaba entonces lo que hoy es "educación infantil", mire usted) empecé a estudiar con una cartilla que todavía recuerdo perfectamente: la A de "araña", la E de "elefante", la I de "iglesia" la O de "ojo" y la U de "uña". Luego, cuando eras un poco más mayor, llegaba "El Gordito de Petete", un librito con poco más de 100 páginas y un montón de lecturas, no como ahora, que pagas por tres tomos llenos de dibujos que apenas traen texto. Eso sí, en el Gordito, no había que colorear ninguna página, que para eso teníamos cuadernos. 

En Primaria estudiábamos Lengua, Matemáticas, Ciencias Naturales, Ciencias Sociales, Plástica (dibujo y trabajos manuales), Música y Educación Física. En 6º de Primaria, si en un examen tenías faltas de ortografía del tipo de "b en vez de v" o cinco faltas de acentos, eras candidato a repetir el grado.

En Bachiller, estudié Historia Mundial, Química, Literatura y Mecanografía. 
Leí El Quijote y el Lazarillo de Tormes; leí las "Coplas a la Muerte de su Padre" de Jorge Manrique, a Garcilaso, a Góngora, a Lope de Vega o a Espronceda...

Pero, sobre todo, aprendí a hablar y a escribir con corrección. Aprendí a amar nuestra lengua, nuestra historia y nuestra cultura.

En castellano existen los Participios Activos como derivado de los tiempos verbales. El participio activo del verbo atacar es "atacante"; el de salir es "saliente"; el de cantar es "cantante" y el de existir, "existente". ¿Cuál es el del verbo ser? Es "ente", que significa "el que tiene entidad", en definitiva "el que es". Por ello, cuando queremos nombrar a la persona que denota capacidad o ejerce la acción que expresa el verbo, se añade a este la terminación "-nte".

Así, al que preside, se le llama "presidente", independientemente del género (masculino o femenino) del que realiza la acción, pero nunca "presidenta".

De manera análoga, se dice "capilla ardiente", no "ardienta"; se dice "estudiante", no "estudianta"; se dice "independiente" y no "independienta"; "paciente", no “pacienta"; "dirigente", no dirigenta"; "residente", no "residenta”.

Y ahora, la pregunta: ¿Nuestros políticos y muchos periodistas (hombres y mujeres, que los hombres que ejercen el periodismo no son "periodistos"), hacen mal uso de la lengua por motivos ideológicos o por ignorancia de la Gramática de la Lengua Española? Creo que por las dos razones. Es más, creo que la ignorancia les lleva a aplicar patrones ideológicos y la misma aplicación automática de esos patrones ideológicos los hace más ignorantes (a ellos y a sus seguidores).

No me gustan las cadenas de correos electrónicos (suelo eliminarlas) pero, por una vez, les propongo que pasen el mensaje a los amigos y conocidos, en la esperanza de que llegue finalmente a esos ignorantes semovientes (no "ignorantas semovientas", aunque ocupen carteras ministeriales).

Lamento haber aguado la fiesta a un grupo de hombres que se habían asociado en defensa del género y que habían firmado un manifiesto. Algunos de los firmantes eran: el dentisto, el poeto, el sindicalisto, el pediatro, el pianisto, el golfisto, el arreglisto, el funambulisto, el proyectisto, el turisto, el contratisto, el paisajisto, el taxisto, el artisto, el periodisto, el taxidermisto, el telefonisto, el masajisto, el gasisto, el trompetisto, el violinisto, el maquinisto, el electricisto, el oculisto, el policío y, sobre todo, ¡el machisto! SI ESTE ASUNTO "NO TE DA IGUAL", PASALO,  POR AHÍ LE TERMINA  LLEGANDO A LA MINISTRA DE "IGUAL-DA".

Porque no es lo mismo tener UN CARGO PÚBLICO que ser UNA CARGA PÚBLICA.


(12/04/2012)

¡Hola!

Espero que todo esté marchando bien, tanto en la casa como en el trabajo.

A continuación te transcribo la que fue mi respuesta a un correo similar al que ahora me remites. Aquel fue un texto cuya autoría nunca conocí; el de ahora –a pesar de sufrir básicamente del mismo mal– está escrito de forma más inteligente. Sin embargo, mi antigua respuesta (26-02-2009) aborda el que –según creo– es el asunto de fondo:

La persona que escribió esa explicación hizo un buen esfuerzo por convencer, pero es víctima de su inflexibilidad.
El español no es un idioma tan rígido como ella nos lo plantea (el uso en nuestra lengua hace imposible un razonamiento lingüístico "binario", por fortuna). Parece que no se dio una pasadita por el diccionario (el DRAE registra la existencia de presidenta, así como –por ejemplo– la de sirvienta, en oposición a sirviente), el cual –una vez más– nos demuestran que hay factores extralingüísticos de gran peso que están por encima de la "lógica" o del deseo puritano de poner "orden". Las gramáticas y los diccionarios no son reglas inapelables que nos dictan la forma correcta de hablar o escribir; por el contrario, son instrumentos que tratan de recoger la manera como lo hacemos (por eso son, aunque tardíos, dinámicos).
El español (como toda lengua) no es una ciencia exacta (¡Dios nos libre!... si existe). Más bien es un ser vivo, cambiante y muchas veces impredecible.
Alexis Espinoza
26-02-2009
Bueno, espero que lo dicho abone algo a la discusión (ojalá la haya).


(13/04/2012)

Saludos Ali, espero que la familia este bien!!!

Que bueno haber recibido tu correo. Inmediatamente recordé algo de tu posición al respecto y lo reafirme con la lectura del extracto que anexas.

Comparto algo de lo que dices. Entiendo que el idioma es flexible y los diccionarios deben recoger en la medida de lo posible el común hablar de los hablantes de una lengua; en ese sentido es probable que todo el esfuerzo comunicacional que hace el gobierno (y con él, el Estado en nuestro caso) con los enormes recursos de que dispone, logre eventualmente que se generalice en la población esa manera de hablar y pase del lenguaje oficial (el de los documentos y comunicaciones oficiales) al común de los ciudadanos; y de ahí con el tiempo tal vez aparezca entonces en los diccionarios como cuando se hace mención particular a la manera de hablar en algún país (localismo creo que lo llaman). Así veremos entonces que bajo la palabra "fiscal", podremos encontrar que en Venezuela, los venezolamos también usamos el término "fiscala". Y quien sabe si aún después de muchos años, en algunos países afines al proceso político e histórico por el que atravesamos, comiencen a utilizarse normalmente esos términos para poder identificar el genero de quien desempeña el cargo (entendiendo que esto, claro esta, aporta una información adicional y valiosa sobre los posibles resultados de ese desempeño). Tal vez ocurra todo esto. Es más, tal vez esos términos dejen de ser un "localismo" que solo se emplea en Venezuela y lleguen a utilizarse comúnmente en algunas otras naciones hispano-hablantes.
Pero lo mejor de toda esta discusión, es que si eso llegara a suceder, nunca podríamos decir que la manera como comúnmente hablamos ahora sea incorrecta, sólo habría caído en desuso, gracias a una extraordinaria, constante y pertinaz campaña oficial que esta empeñada en cambiar la manera como "comúnmente" decimos ciertas cosas.

Casi que pareciera una campaña orientada a introducir ciertos términos en el diccionario
No cree Usía???

Un Abrazo, y por favor no te pierdas. Siempre es grato conversar contigo!!!


“Interlocutor”


(16/04/2012)

¡Hola otra vez!
Ahora me has inducido a escribir un poco más.

Primero que nada me siento en el deber de aclararte que el texto transcrito en el correo anterior (fechado el 26-02-2009), si bien está dicho con mis palabras y en referencia a un caso específico, de ninguna manera es una “teoría” producto de mi imaginación; no se trata de una elaboración personal, sino de algunos asuntos aceptados desde hace mucho tiempo en el medio lingüístico (por ejemplo, que instrumentos como diccionarios y gramáticas recogen la forma en que realizamos el habla, no al revés; que el habla cambia constantemente y que la que no lo hace es porque corresponde a una lengua muerta: no es lengua materna de hablante alguno).

Ahora bien, como el texto de la profesora (?) argumentaba específicamente acerca de los participios activos (en particular por el caso de presidente-presidenta), afirmando que se trataba de un error utilizar presidenta cuando nos referimos a una mujer que preside y la Real Academia de la Lengua (RAE) acepta la terminación enta para el femenino de algunas de esas palabras, en cuyo caso está presidenta (la registra el Diccionario de la RAE desde hace ya varias ediciones anteriores a 1999), pensé que el asunto llegaría hasta allí. Sin embargo, ahora creo entender que tu inquietud es más política que lingüística.

En este momento vale una precisión: supongo que cuando dices … que se generalice en la población esa manera de hablar y pase del lenguaje oficial… Así veremos entonces que bajo la palabra ‘fiscal’, podremos encontrar [en el diccionario] que en Venezuela, los venezolanos también usamos el término ‘fiscala’ te refieres al denominado lenguaje de género en general y no en particular a la palabra fiscala, ya que esta aparece registrada en el DRAE (también con vieja data) y sin una acotación que la distinga como venezolanismo, debido a que efectivamente no es un “invento” criollo.

Tampoco tenemos que ver nada en Venezuela con la existencia del vocablo alcaldesa, ni con el hecho de que el DRAE lo registre actualmente con dos acepciones: la primera como Mujer que ejerce el cargo de alcalde (nótese que esta definición es un apéndice de la definición masculina; ¿por qué no se pudo definir en los mismos términos en que ese diccionario lo hace con alcalde?); y la segunda (no sé si este pequeñísimo avance podrá ser tomado como un triunfo por quienes defienden el uso de un lenguaje no discriminatorio hacia la mujer), el que seguramente en un principio fue su único significado: (actualmente de uso coloquial) Mujer del alcalde.

La RAE es una organización muy conservadora y se precia de seguir protocolos bastante estrictos a la hora de incorporar palabras a sus diccionarios; aún así debemos tener en cuenta que no es infalible y que a veces hace modificaciones o adiciones cuya trascendencia es cuestionable. Tal es el caso, por ejemplo, de la incorporación de la palabra millardo, hecho que llenó de orgullo a muchos venezolanos en diciembre de 1995 (incluyendo a este servidor), ya que fue el presidente venezolano Rafael Caldera quien propuso tal inclusión. En su momento hubo diversos argumentos en contra del vocablo, como su falta de tradición en nuestra lengua, que era sencillamente innecesario o que no resolvía el peligro de las traducciones erróneas desde y hacia el inglés. Hoy en día, después de más de tres lustros, todavía es un vocablo de uso bastante restringido (se emplea sobre todo en Venezuela y Colombia). Como dato curioso tenemos que al menos el diario El País (España) ha establecido en su manual de estilo el uso preferente de mil millones en vez del término millardo.

No hay esfuerzo comunicacional ni coacción de cualquier naturaleza que valga para hacer cambios en nuestra habla, si no se da primero la internalización del cambio; es decir, expresarse de una u otra manera generalmente es un acto inconsciente que está influido por elementos que se encuentran en nuestro contexto, entendiendo que ese contexto ya no es como antaño: uno muy limitado constituido básicamente por otros hablantes en nuestro rededor. En el habla incide también lo que escuchamos en la radio, lo que percibimos a través de la televisión y mientras usamos la Internet (tanto contenidos de sitios web como nuestra comunicación individual con personas de cualquier parte del mundo)… Pero no obstante la multitud de influencias de distintas procedencias, siguen siendo –como lo han sido siempre y no lo dejarán de ser– los hablantes más próximos, con quienes compartimos dialecto, la influencia más decisiva en nuestra propia habla. ¿Por qué? Porque cumplen un papel regulador; el dialecto ejerce la suficiente presión social como para que no nos diferenciemos demasiado del resto de nuestros “codialectantes”. Se trata de un vínculo muy fuerte (la identidad lingüística) de cuya existencia rara vez se da cuenta el hablante promedio, porque las “presiones regulatorias” que mantienen la cohesión dialectal suelen ser muy sutiles y oportunas, y funcionan antes de que se ocasionen grandes descalabros que puedan ser percibidos de forma consciente.

Así los cambios se dan de manera gradual y de forma colectiva, generalmente sin que medien grandes traumas. Esos cambios operan en varios ámbitos y, por ejemplo, los que ocurren en el léxico (las palabras que usamos y su significado) se suceden con mayor rapidez que los referidos a la sintaxis (la forma como disponemos las palabras para que formen un conjunto decodificable por los demás hablantes). Cuando se trata de nombrar una nueva realidad, los cambios acontecen en menos tiempo que cuando el asunto consiste en variaciones que afectan la gramática. Sin embargo, en líneas generales, la lengua prefiere no cambiar si no es necesario (se siente cómoda con lo que tiene); si cambia, prefiere lo que resulte lingüísticamente más económico (odia duplicar esfuerzos; ama simplificar lo que ya existe); si opta por algo que no es lingüísticamente económico, con seguridad se trata de un esfuerzo consciente de sus hablantes (por convicción, no por coacción de algún agente externo).

En resumen: cuando en nuestro país la mayoría de la gente comience a utilizar cotidianamente en su habla el llamado lenguaje de género, a ponerse las alpargatas porque lo que viene es joropo...
Alexis Espinoza


(17/04/2012)

Hola Alí...
aquí te va mi comentario a tu comentario...
Me hizo pensar tu valoración de mi inquietud y creo que tienes razón. Es más política que linguística. Pero pensando un poco más en ello creo que todavía es más económica que política.
Me parece absurdo, ilógico, ineficiente, ineficaz y antieconómico; desperdiciar recursos que algún día nos harán falta para cosas mas importantes, tratando de imponer un lenguaje oficial de género al común de los ciudadanos.
Porque así es como lo veo, no es "el lenguaje de género" como tu lo llamas, no; es el lenguaje oficial de género que quiere imponer el gobierno haciendo uso (¿abuso?) de todo el inmenso aparataje comunicacional que tiene el estado (y no me digas que no es inmenso porque cada vez sobran más dedos de las manos para contar a los medios independientes). Como lo quiere hacer con el cerro el Ávila (perdón wuaraira repano).
En razón a lo anterior no comparto totalmente tu opinión cuando dices "No hay esfuerzo comunicacional ni coacción de cualquier naturaleza que valga para hacer cambios en nuestra habla, si no se da primero la internalización del cambio", porque justamente todo el esfuerzo comunicacional que realiza el estado con sus ingentes recursos esta orientado a que la población internalice ese cambio en su manera de hablar, y en lo que respecta a la coacción, recuerda que estamos viviendo tiempos en los cuales si delatas tu filiación política ( y la no utilización de la jerga oficial en el habla cotidiana puede ser visto como un indicador de tus niveles de compromiso político) puedes poner en peligro el pan que llevas a la mesa de tus hijos.
Pero como te dije, creo que mi inquietud es mas económica que política, porque además comparto contigo la idea de que "en líneas generales, la lengua prefiere no cambiar si no es necesario (se siente cómoda con lo que tiene); si cambia, prefiere lo que resulte lingüísticamente más económico (odia duplicar esfuerzos; ama simplificar lo que ya existe)";y es por ello que me parece un enorme derroche de recursos (tiempo, energía y esfuerzo) por parte del gobierno el querer imponer este "lenguaje oficial de genero"
Ahí te dejo eso camarado Ali...
Saludos a la familia y como siempre un gusto conversar contigo.


“Interlocutor”


(22/04/2012)

Hola de nuevo.

Por el cariz que tiene tu respuesta (100% de interés político, aunque lo matizas como económico), mi motivación para continuar con esta "conversación" ha mermado grandemente. Has migrado de una supuesta preocupación por el uso indebido (?) del español que hablamos (en vista de lo cual te contesté anteriormente) hasta –una vez que te expuse ciertos asuntos– consideraciones de un orden que no dudo en calificar de politiquero; por lo tanto me temo que contestarte partiendo de las afirmaciones que haces en tu más reciente correo (17-04-2012) sería caer en politiquería y no sé si a ti eso te servirá de algo, pero te aseguro que a mí no me deja absolutamente nada.

Así que después de leer tu último correo me hice un par de preguntas:¿En qué hechos concretos se materializará esa presunta campaña para imponer el lenguaje de género? y ¿Será tan poco conocido el hecho de que la Cámara Venezolana de la Radiodifusión agrupa a más de 400 emisoras de radio privadas en todo el país?

Gracias a tus afirmaciones también descubrí que hay una página muy buena (http://www.venezuelaperiodicos.com/) donde es posible verificar estado por estado la existencia de todos los periódicos privados del país (alrededor de 100), a algunos de los cuales inclusive se puede acceder desde allí.

PD 1: Yo no le di el nombre al lenguaje de género (nos guste o no, así ha sido identificado el uso paritario del género en nuestra lengua).

PD 2: Espero que puedas seguir ocultando tu filiación política, porque según las circunstancias que describes parece que en estos últimos 13 años lo has estado haciendo muy bien.

Por mi parte doy por terminada la "conversación".
Alexis Espinoza