jueves, 30 de enero de 2020

Coletazos de carné (sobre corsé y otras palabras)



A propósito del interés de Yajaira Grimont

y Bárbara Jiménez en el asunto





La ortografía es sobre todo arbitraria (ella procura que una palabra se escriba de la manera como se ha venido pronunciando durante cierto tiempo, por un número significativo de hablantes para quienes la lengua en cuestión es la materna). Por eso existe un “orden” que pocas veces nos parece lógico: la ortografía se vale de convencionalismos para tratar de establecer un único código que permita de forma económica, la comunicación escrita de la mayor cantidad de individuos posible. Esos convencionalismos privilegian principalmente los usos históricos. Si en español no existe la terminación de vocablos en la consonante t (por decir algo) y entonces toma prestada de otra lengua una palabra que originalmente termina con esa consonante, nuestra ortografía la absorbe y suprime esa t final, como ocurre con corset (del francés), que en español se escribe corsé.

Hay otras palabras, específicamente los nombres que llamamos propios (los apellidos Font, Millet y Grimont, entre muchos otros) que, tal como sabemos desde la escuela primaria, aunque los pronunciemos cien por ciento en español [fon, millé, grimón...], los debemos escribir en su lengua original.

Nuestra ortografía impone usos que muchas veces nos cuesta entender; en otros casos nunca llegamos a entenderlos. De todas maneras (y no es consuelo de tontos) lo más importante es que internalicemos los usos, no que entendamos la ¿lógica? ortográfica.



Alexis Espinoza

octubre de 2003

viernes, 3 de enero de 2020

¿Vaso de agua o vaso con agua?


A Juan Manuel y a Delna



El vaso no está hecho de agua, es de vidrio, plástico, aluminio..., por lo tanto no es correcto decir un vaso de agua, sino un vaso con agua”. Ante un argumento de una lógica tan aplastante, no son pocas las personas que de inmediato pasan a engrosar las filas de las y los que hacen el esfuerzo por eliminar tan bochornosa expresión de su vocabulario. Suponemos entonces que es solo cuestión de tiempo para que, en virtud del argumento expuesto, vayan cayendo también tradicionales expresiones como taza de café o plato de espaguetis; sin embargo, su supresión pasa por resolver algunos asuntos como ¿qué digo cuando quiera echar el cuento de lo que ingerí: “me tomé un vaso con agua”, “comí un plato con espaguetis”, “me bebí una taza con café”? Pero yo no me tomo el vaso o la taza, ni me como el plato, solo ingiero lo que contienen; decirlo así parece que tampoco tiene mucho sentido.


Si usted es de quienes prefieren pedir un vaso con agua, sepa que está solicitando una cantidad indeterminada de líquido (podrían entregarle el vaso con por ejemplo la mitad, un cuarto o aún menos H2O), mientras que si pide un vaso de agua, está precisando la cantidad de líquido que desea recibir (toda la que pueda contener el vaso). Vale decir que por esas sutilezas que tiene nuestro idioma, como acabamos de ver, aun cuando nada impide que podamos usar cualquiera de las dos expresiones, la carga de significado de ambas es distinta.



 La noción de cantidad está siempre presente al emplear la preposición de entre el nombre de cualquier recipiente y la materia en él contenida (vaso de agua, lata de manteca, barril de petróleo…), tanto como lo está cuando se encuentra entre la denominación de cualquiera de las unidades de medida convencionalmente establecidas y aquello que mide (kilo de arroz, metro de tela, litro de aceite…). Por lo tanto podemos beber tranquilos medio vaso de agua, utilizar dos latas de manteca o refinar un barril de petróleo, sin que ningún hablante de español promedio imagine que nos referimos a la mitad de un vaso fabricado con agua, a latas hechas de manteca o a un barril cuyas paredes son de petróleo. 

Alexis Espinoza

lunes, 19 de agosto de 2019

Comics, súper héroes y afines




El furor que ha causado en algunos sectores de la población venezolana el estreno del último film de súper héroes migrados de las tiras cómicas en periódicos y del viejo “suplemento” a la televisión y, más recientemente, al cine y videojuegos, tocó mis recuerdos sobre lo ocurrido desde enero de 2019 en ciertas manifestaciones políticas, donde pudimos ver gente disfrazada de Capitán América o Batman –entre otros personajes–, cuyo episodio más “curioso” hasta ahora, a mi entender, aconteció la mañana del domingo 27 de enero en la iglesia de Santa Bárbara (parroquia Caracciolo Parra, municipio Libertador del estado Mérida), cuando el cura de turno ofició misa flanqueado por dos jóvenes, a la sazón ataviados como el Capitán y la Capitana (?) América.



Una pregunta: ¿Qué habrá detrás de los súper héroes?


En su polémico ensayo publicado en 1959, La literatura y sus enterradores (recogido en Literatura y subliteratura, Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1966. Referencia para todas la citas textuales que siguen), el catedrático Segundo Serrano Poncela (SSP) expone con cierta preocupación que:


Hace años, el psiquiatra G. Legmann publicó en la revista Neurótica un artículo sumamente aleccionador, en cuyo párrafo inicial, tajante y afirmativo, se manifestaba que las generaciones norteamericanas posteriores a 1930 no saben leer bien, no muestran interés en el aprendizaje, siguen desinteresándose y no aprenderán nunca, consistiendo su máximo esfuerzo intelectual en descifrar carteles publicitarios, oír programas de radio y televisión, asistir al cine y hojear revistas ilustradas y comics. En tales condiciones, no le parecía aventurado afirmar que la letra impresa, en Estados Unidos, se encuentra en vías de desaparición como instrumento elevador de la cultura. Creo que el pronóstico ahora mismo continúa siendo válido y, por desgracia, extensivo a otros países.

(…)

El secreto del éxito sin precedente de los comics se debe, en buena parte, al uso que hacen de la explotación de los instintos sádicos y la violencia en niños y adultos de inteligencia retardada. Consagrados en su mayoría (…) al culto de los puños, las armas, la astucia y la muerte (…).



¡Y eso que ni Legmann ni Serrano Poncela conocieron a las nuevas generaciones, adictas a los videojuegos y a la internet!



Industria del entretenimiento versus entretenimiento inocente


Hoy conocemos de sobra la existencia de las grandes industrias del entretenimiento (suena inofensivo, ¿no?) que están detrás de la reaparición de antiguos súper héroes, dos de las cuales (Marvel y DC Comics) se pelean –al mejor estilo de sus personajes– por la tajada más voluminosa de ese mercado planetario y multimillonario en dólares y en cantidad de consumidores. SSP bosquejó de forma algo escueta pero eficaz, lo que en ese entonces (1959) todavía era una maquinaria incipiente:


La vasta y bien organizada industria del comic tiene a sus servicios expertos en publicidad, psicólogos y pedagogos, amén de autores y dibujantes, y trata de extender su esfera de influencia con el minucioso cuidado que pondría en ello el más exigente empresario en una isla de Utopía [SSP habla con ironía y para ello se refiere al Estado ideal descrito por Tomás Moro en su libro Utopía, donde los ciudadanos se esfuerzan para obrar de forma óptima en función del bien común]. Abarca entre sus consumidores desde la tierna criatura de instintos aún indiferenciados, que cuenta con seis años de edad y gusta pelar vivos a los pajaritos, hasta el imberbe adolescente y buen número de adultos (…).


(…) Tales sujetos imaginarios [los súper héroes] propuestos a la admiración imitativa y beata de millones de adolescentes, pertenecen al mundo de la maravilla técnica, son esquemas de ideales hombres del futuro capaces de atravesar, raudos como la luz, distancias inverosímiles, hacerse invisibles, perforar las paredes, detener al sol si es preciso. Estas cualidades son puestas al servicio de un tipo peculiar de justicia que subvierte el orden jurídico colectivo y propugna de nuevo, al cabo de aparentes milenios de progreso, la ley del Talión y la venganza privada. Ni jueces severos ni policías activos sirven para mantener el orden; aún más, son superfluos. Basta con la instancia única e inapelable del hombre de puño de hierro, ya que donde aparece impone la ley, la venganza se cumple, se restablece la justicia de acuerdo con su mejor saber y entender.

(…) la moraleja antes explícita en los fabulistas (…), pierde ahora edulcoración y es sustituida por otras más sencillas de aprender que podrían resumirse así: el astuto siempre gana, desarrollemos los instintos de agresividad, simplifiquemos la mente porque toda singularidad intelectual segrega de la masa. Esto repetido millares de veces, no deja de producir sus efectos.



No sé por qué, pero acabo de recordar de nuevo las manifestaciones políticas de la derecha venezolana en enero de este año (2019).



¿Quiénes son los enemigos de los súper héroes?, ¿cuáles las amenazas y los peligros que conjuran?


La industria del cómic y ahora también las del cine, la televisión y los videojuegos, se encargan de mantener los niveles de miedo, violencia y estupidez necesarios para que, en principio, el pueblo estadounidense y por extensión del negocio y la transculturización, el resto del “mundo libre”, sean proclives a entregar sus libertades a cambio de seguridad. Así, en períodos bien definidos, el rostro de los enemigos en la industria del entretenimiento ha tenido distintos rasgos (II Guerra Mundial: alemanes y japoneses; Guerra Fría: soviéticos y alemanes orientales; desde finales del siglo XX: árabes y musulmanes, y más recientemente se les han sumado chinos y rusos). Sin embargo, existe una especie de enemigo “comodín” que en momentos de baja beligerancia ha sido el encargado de sembrar el terror: el alienígena interplanetario, ser que reúne lo peor de esos extranjeros que les quitan el sueño. Acerca de ellos también nos habló SSP:


Para el cerrado cuerpo de Superhombres desconfiados y desafiantes, cada ciudad encierra en potencia un grupo de conspiradores, traidores y espías; los secretos militares se encuentran siempre a punto de ser sustraídos por el enemigo; los cargos públicos están ocupados por gentes corrompidas, en el planeta Marte o en la Luna se prepara una invasión de la Tierra; bombas atómicas son almacenadas en lugares misteriosos con objeto de atentar contra la humanidad, etc. Histeria colectiva e imaginaria. Allá donde el ejército, la marina o los servicios de inteligencia resultan impotentes aparecen Super Acqua, Black Terror, Captain Marvel, Golden Arrow y el conflicto queda resuelto. Parece imposible que millones de jóvenes y adultos sean capaces de devorar esos miles de imágenes (…) sin entumecerse de estupidez.



No sólo de súper héroes vive el hombre


Fuera del circuito de los grandes monstruos del entretenimiento, siempre han existido comics de naturaleza distinta a la mencionada más arriba. Muchos incluso han sido llevados al cine y/o la televisión, claro, sin una gran pretensión ni el enorme respaldo económico, técnico y comunicacional del que gozan las creaciones de las principales productoras estadounidenses. Generalmente sus protagonistas no son súper héroes, sino más bien anti héroes alejados de los estereotipos impuestos por Marvel y DC Comics, o héroes/heroínas con referentes históricos o culturales locales. Como es de suponer, esos “fuera de serie” no alcanzan una difusión “global”; sin embargo, suelen traspasar las fronteras de sus países de origen y tener buena acogida entre público de otras naciones. Estos comics de autor tienen en común el hecho de que entre sus ingredientes infaltables están el humor y el ingenio, combinación que acaricia el intelecto de quienes se dejan atrapar por sus aventuras y desventuras. A continuación les dejo una lista muy pequeña, pero donde prevalece la diversidad, como invitación a explorar comics alternativos a los de súper héroes:

  • Asterix el Galo (René Goscinny y Alberto Uderzo), la historia trastocada de las Galias y sus alrededores (Francia);
  • Elpidio Valdés (Juan Padrón), un coronel mambí y sus peripecias en la Guerra de Independencia de Cuba (Cuba);
  • Mafalda (Joaquín Lavado “Quino”), una niña sensible al acontecer mundial que cuestiona lo que ocurre a su alrededor (Argentina); y
  • Mortadelo y Filemón (Francisco Ibáñez), cómo a pesar de torpezas de todo tipo se puede llevar una agencia de detectives y sobrevivir (España).

    Alexis Espinoza
    abril/mayo 2019

domingo, 18 de agosto de 2019

¿Qué tal?





Nuestro recuerdo más reciente de José Rodríguez Iturbe data del Carmonazo. El 13 de abril de 2002, cuando Pedro Carmona Estanga (presidente de Fedecámaras, conciliábulo de la plutocracia criolla) “animado” por el pueblo que se agolpó frente al palacio de Miraflores, pegó la carrera y dejó atrás a buena parte de sus flamantes ministros e invitados a la bacanal golpista, quedaron regados una serie de objetos y papeles (algunos muy curiosos, como la casaca de cierto almirante edulcorado que se quitó el uniforme antes de huir valientemente), entre los cuales se encontró una lista titulada Candidatos, con anotaciones de puño y letra del mismísimo presidente auto nombrado, de donde a propósito de la tan cacareada y necesaria separación de poderes, vale destacar los nombres de quienes juramentaría como titulares de la Contraloría General de la República (Liliana Hernández), el Ministerio Público (Gerardo Blyde) y el Tribunal Supremo de Justicia (Alan [sic] Brewer Carías, Román Duque Corredor, Carmen Elena Crespo y Carlos Ayala Corao), cuyos nombramientos en ningún caso le corresponden al Poder Ejecutivo. Por cierto, el espacio donde debía estar el nombre de quien ocuparía la Defensoría del Pueblo se encontraba vacío (eso de defender al pueblo como que no estaba en las prioridades del “gobierno de unidad nacional”)… bueno, detallitos del poder absoluto.

Como venía diciendo, nuestro recuerdo más próximo de Rodríguez Iturbe es de aquel día, en la lista, donde apareció junto a Fernando Gerbasi, candidateado para el Ministerio de Relaciones Exteriores, solo que había un visto bueno en el nombre del primero y estaba tachado el del segundo.

Apenas cinco años antes (1997), José Rodríguez Iturbe había publicado Repensar la política (El Centauro Editores, Caracas), de donde ofrecemos el fragmento que sigue:
La oligarquía es cobarde. Teme a las convulsiones en el seno de la comunidad. Procura no acercarse jamás a los escenarios de combate. Y si se acerca, deja a sus muertos y heridos en el campo de batalla. A pesar de su infantil apoliticismo, esa plutocracia sabe que el caos la devoraría a ella antes o a la par que a los políticos. La plutocracia busca cómplices, elementos conscientes o inconscientes; pero casi nunca se arriesga al protagonismo.

¿Qué tal?…

Alexis Espinoza
10 de marzo de 2019

sábado, 21 de abril de 2018

CONFLICTO DE BAJA INTESIDAD




El texto que sigue lo leí por primera vez a principios de la década del 2000; hoy lo que allí se dice está más vigente que nunca: EEUU no ha cambiado su libreto y a Nicaragua en estos momentos (abril de 2018) le están aplicando otra vez la vieja receta que le administraron en los años 80 del siglo pasado, y de la cual viene siendo víctima Venezuela desde que comenzó el siglo XXI. Así que cualquier parecido entre lo que se cita más abajo y lo que actualmente ocurre en Venezuela y Nicaragua no es ni remotamente una coincidencia.

“Conflicto de baja intensidad” en el Caribe: la fase preventiva
(En Venezuela y las relaciones internacionales en la cuenca del Caribe. Andrés Serbin [Compilador]. Coedición Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales y Asociación Venezolana de Estudios del Caribe. Caracas, 1987. Páginas 43-46)
Isabel Jaramillo Edwards
La percepción[1] estratégica norteamericana actual ubica a todo el Tercer Mundo en lo que se denomina área de “conflicto de baja intensidad”.
El “conflicto de baja intensidad” (LIC), según el Mandate for Leadership II de la Heritage Foundation[2] “es una estrategia a través de la cual los programas de ayuda pueden ser realizados en regiones conflictivas sin la carga ominosa que significa la intervención militar” directa. Esto significa tratar de evitar los debates en el Congreso. Los movimientos antibélicos, los marines muertos devueltos a Estados Unidos, en definitiva evitar todo aquello que significó un alto costo en la guerra de Vietnam.
Esta doctrina bélica contempla el uso de elementos paramilitares, guerra económica, propaganda y desestabilización, operaciones antiterroristas, etc. [...]
Aunque el concepto “conflicto de baja intensidad” se deriva de lo que los estrategas militares llaman “espectro del conflicto”, se está generalizando en el establishment de la defensa y think-tanks dedicados al tema, como concepto globalizador de una variedad de “hechos” y “sucesos” o “conmociones sociales” que se suceden en el mundo subdesarrollado producto de una situación de explotación crónica y creciente depresión económica y endeudamiento externo.
El ajuste del antiguo pensamiento estratégico y el desarrollo de una nueva concepción de la política que contempla la utilización de la fuerza militar como un instrumento de política exterior, se debe –según Weinberger– a “los cambios en la política internacional y en el equilibrio militar global” que han creado una “nueva geografía de conflicto” para lo cual es necesario “un aparato militar flexible y móvil que pueda adaptarse rápida y decididamente”[3] a los intereses de Estados Unidos donde quiera que estén.
[...]
Esta “nueva geografía” no es realmente nueva sino que retoma, adecúa y decanta viejas concepciones para justificar “intervenciones selectivas”[4] .
[...]
Se plantea que Estados Unidos debe estar preparado para enfrentar “una amplia gama de amenazas ambiguas en el área oscura entre la guerra de envergadura y la paz milenaria...”, reiterándose la necesidad de “estar preparados para comprometer su poder político, económico y, si fuera necesario, militar cuando la amenaza sea aún controlable y cuando su uso prudente pueda impedir que esa amenaza evolucione”[5].
[...]
El llamado “conflicto de baja intensidad” es entonces un concepto de dimensión estratégica que integra medidas políticas, económicas, sociales y militares que tienen por objeto “ganarse al pueblo” y “evitar ciertos resultados” obviamente referidos a procesos revolucionarios e incluso a medidas modernizantes o reformistas que tengan lugar en los países del Tercer Mundo, y que Estados Unidos estime que atentan contra sus intereses.  Incluye el uso de la fuerza militar como elemento “disuasivo”, y en una fase extrema del “conflicto de baja intensidad”, se contempla la participación directa de tropas de Estados Unidos cuando el país (o región) afectado no haya sido capaz de solucionar el problema en base a las medidas internas implementadas con ayuda y asesoría norteamericana en todos los niveles, para lograr la llamada “construcción de la nación”.
[...]
En Centroamérica, como “peligro inmediato”[6], el “conflicto de baja intensidad” se encuentra en la fase ofensiva. Estados Unidos financia abiertamente a la contrarrevolución, satura el escenario de maniobras y ejercicios bélicos con aparente intención “disuasiva” pero cuyo carácter potencialmente agresivo es indudable, además de obstaculizar soluciones negociadas[7], en un intento por revertir la revolución nicaragüense e impedir el avance del movimiento revolucionario salvadoreño de forma de mantener artificialmente y agudizar el conflicto local.



[1] Las percepciones adolecen de un peligro interpretativo porque corresponden a una interpretación intencional de la realidad donde inciden elementos de propaganda, desinformación y parte de información real dirigida interesantemente que puede encubrir la realidad o parte de la realidad misma.
[2] R. Shultz: Low Intensity Conflic. 1984. pp. 264-270.
[3] M.T. Klare: The Reagan Doctrine, Inquiry, March-April 1984.
[4] G. D. Foster: “On Selective Intervention”, Strategic Review, Fall 1983.
[5] G. Shultz: Remarks on Low intensity warfare conference, 15 de enero de 1986; National Defense University. Conferencia Convocada por el Departamento de Defensa y National Defense University.
[6] Isabel Jaramillo: Centroamérica: el peligro inmediato. Ponencia Conferencia contra la Carrera Armamentista por la Paz y el Desarrollo. La Habana, enero 1985.
[7] “Las negociaciones no son el objetivo de la política exterior norteamericana, son el medio por el cual se logra ese objetivo... sabemos que las negociaciones y la diplomacia que no están respaldadas por la fortaleza son, en el mejor de los casos, ineficaces, y en el peor de los casos, peligrosas”, G. Shultz, Discurso ante Veteranos, Chicago, 21-8-84.

lunes, 5 de febrero de 2018

Acerca de carné y otras palabras

         

Nuestra lengua al igual que las demás toma prestada de cuando en cuando alguna palabra de otra lengua; eso ocurre generalmente si ese vocablo nombra una nueva realidad; es decir, el préstamo lingüístico se da cuando lo nombrado (objeto, concepto, situación...) es nuevo entre nosotros, se incorpora a nuestra realidad y surge la necesidad de nombrarlo.

Lejos de lo que la mayoría de la gente cree, esos préstamos en sí mismos no son negativos; al contrario, son uno de los mecanismos a través de los cuales una lengua se mantiene viva, se oxigena para no desaparecer.
Existen varias vías para que la lengua española se haga de una palabra. En el caso de carnet (del francés), ticket o diskette (del inglés), por ejemplo, nuestra lengua escrita (sí, existe una diferencia sustancial entre la que hablamos y la que escribimos) las incorporó hace muchísimo tiempo tal como suenan en español y adaptadas a nuestra ortografía: carné, tique y disquete, aun cuando nos empeñemos en escribirlas en su lengua original.
En líneas generales, la incorporación al español de vocablos provenientes del latín es un poco distinta. Quizás por tratarse de nuestra lengua madre (de ella se derivan las lenguas romances, como la que hablamos) la Real Academia Española de la Lengua optó por reconocer el uso en español de ciertos nombres terminados igual que en latín, pero con marcación de tilde según nuestra ortografía (en latín no se usa tilde), en coexistencia con vocablos de ortografía absolutamente española, como es el caso de memorandum, que puede ser memorándum o, si lo preferimos, memorando (por cierto, el plural solo se debe formar a partir de memorando). Caso distinto el de algunas otras palabras donde no se usa ese híbrido latín-español, porque se requeriría modificar su raíz (como en stadium: habría que agregar al principio una e antes de la s; por eso en nuestra lengua solo se debe escribir estadio).


Alexis Espinoza
septiembre de 2003

domingo, 28 de abril de 2013

Vieja bomba, nuevo detonante




Podemos caer en la trampa de ver los hechos de violencia (entre ellos al menos nueve asesinatos cometidos contra hombres, mujeres y niños identificados con el chavismo) ocurridos durante la semana del 15 de abril pasado en varias ciudades del país, como el producto del "descontento" de un sector de la población por los resultados electorales del domingo 14 de abril. Ese descontento es solo el detonante de una bomba que ha venido siendo preparada por años. 

Utilizando medios de información privados, la mano oculta del fascismo desde hace tiempo se ha encargado de cultivar el miedo y sacar provecho de ciertos complejos de clase de millones de personas de la llamada "clase media" y de otros tantos aspirantes a subir los peldaños que hagan falta para alcanzar ese estatus. Lo más grave de esta situación no es la reacción de esa clase, sino la de quienes desconociendo su propio origen y condición rechazan de plano a sus iguales y terminan siendo objeto de su propia destrucción (sí, Bolívar nos lo advirtió).

A continuación podrás leer un texto de mayo de 2007 (publicado originalmente en Aporrea), el cual es un patético ejemplo de lo expuesto arriba. 



De Ojo de Agua al limbo

Soy vecino de la población de Cúa, en el estado Miranda. Vivo junto a parte de mi familia en una de esas modestas urbanizaciones que crecen como la maleza en las ciudades dormitorio. Llegamos allí de Caracas hace unos seis años y desde entonces nuestras vidas han mejorado bastante. Entre mi pareja y yo hicimos una “vaca” para la cuota inicial de la casa y gracias a la Política Habitacional vigente hoy pagamos unas mensualidades bastante cómodas (significativamente inferiores a las que comenzamos pagando en el año 2000). Mi hijo más pequeño (tiene 11 años ahora) no quiere ni ir de visita a Caracas: en Cúa estudia, tiene sus amigos y también sus animales.

¿Que por qué digo todo eso? Lo digo porque supe hace ya varias semanas que las precarias viviendas ubicadas donde estuvo el vertedero de basura de Ojo de Agua, iban a ser demolidas (como está ocurriendo) debido a lo peligroso de las emanaciones tóxicas, y que sus habitantes serían reubicados en unas nuevas viviendas.

Ha habido mucho alboroto al respecto: primero menudearon los reportajes acerca del peligro que corrían hombres, mujeres y niños donde antiguamente estaba el basurero; más adelante, se hacía saber sobre la inacción o lentitud de las autoridades para resolver el problema; después se ponía en duda que las viviendas que pudieran ofrecer las autoridades se fuesen a mantener en pie; más recientemente, se hablaba del drama de familias muy numerosas que podrían verse separadas con la asignación de las nuevas viviendas; también se ha escrito sobre la presunta persecución y el presunto maltrato de los cuales habrían sido víctimas extranjeros que habitan en Ojo de Agua (informan algunos medios que las autoridades de extranjería estarían deportando a los indocumentados); luego, que serían adquiridos lotes de viviendas en construcción en los Valles del Tuy para dar solución al problema y que los vecinos de la zona rechazan que las personas salidas del antiguo vertedero vayan a vivir junto a ellos, por cosas como que temen “(…) el choque cultural que se producirá con los habitantes de Ojo de Agua, pues sabemos que es uno de los barrios más peligrosos del área metropolitana” [Ana María Pérez: Desalojados de Ojo de Agua a urbanismos clase media en el Tuy. El Universal, pág. 3-6, miércoles 9/05/2007].

Pregunto yo, ¿dónde están los urbanismos clase baja donde –según parece– deben ser aisladas esas familias de cultura tan distinta a la nuestra?, ¿es que acaso pretendemos ser superiores a  la gente de Ojo de Agua y negarles de plano que puedan materializar su deseo de mejorar su vida, como nosotros lo estamos haciendo?

Mi familia y yo –como la mayoría de quienes viven ahora en los desarrollos habitacionales del Tuy– estuvimos viviendo por años en un barrio de Caracas, donde convivimos con gran cantidad de gente buena y donde también hay en menor medida antisociales (atracadores, traficantes de drogas, asesinos…); no por vivir ahora en una “urbanización”, disfrutando de cuatro paredes y un techo “propios” con sus respectivos cachivaches, se nos debe olvidar de donde venimos. La necesidad nunca nos llevó a mis padres o a mí a vivir en un rancho cerro arriba, pero he estado más de una vez en el hogar de personas aún más pobres que yo que viven en tales condiciones y que no por ello son criminales o desadaptados, ni merecen tal consideración.

¿Qué van a hacer entonces las familias de Ojo de Agua si son rechazados por todos los “cultos vecinos” de las urbanizaciones de “clase media” (¡Da risa!) de las ciudades dormitorio, construir guetos y mantenerse apartados para tranquilidad de los demás?

Creo que nos queda muy mal ver por encima del hombro a las familias de Ojo de Agua y condenarlas a permanecer en un callejón sin salida.


Alexis Espinoza
aliespimo@gmail.com
10/05/2007