martes, 25 de enero de 2022

Donde unos ven arte y poesía, otros vemos tortura y muerte

 

 

Es justo aclarar que tal como me espetó en Instagram y con toda razón alguien que se identifica con el seudónimo de octubrerojo2012, soy un perfecto ignorante acerca de eso que llaman tauromaquia o fiesta brava o arte taurino o corridas de toros… Lo cierto es que mi ignorancia al respecto no me quita el sueño y menos aún el derecho a opinar sobre el asunto; claro, mientras los “taurómanos” no logren impedirlo legalmente.


Según veo (santomasote):

el “arte taurino” se vale de la ventaja que sobre su presa tiene el matador, la cual logra al ser asistido por un séquito de cómplices que torturan y debilitan al animal durante la corrida, hasta que está listo para que en un acto de sadismo colectivo el “valiente” torero, aupado por la multitud que pide la vida del toro, complace sus instintos dándole muerte. Luego, dependiendo de su desempeño previo, le otorgan el rabo o las orejas de la bestia, los cuales les son cortados en medio de un charco de sangre.

De cuando en cuando, algún toro se defiende al punto de cornear a quien lo quiere asesinar y, si tiene suerte, logra lo que entre seres humanos sería un homicidio en defensa propia. De verdad que algo más artístico que esto, imposible.



En cambio, octubrerojo2012 ve que:

el arte taurino, es una danza entre el poderoso y majestuoso toro, rey de la Fiesta Brava, y el vigoroso torero, que dibuja con su capote y muleta, una pintura en cada faena. Faena que tiene tercios de hermosura en este combate del único bovino del mundo, que tiene derecho a luchar por su vida y no terminar como el resto, en un lúgubre matadero.

El toro bravo nace embistiendo y vive como un príncipe del reino animal, en las ecológicas dehesas, al cuidado de ganaderos que aman, viven y son altísimos conocedores de su fenotipo y genotipo. En razón de su faena, son premiados tanto el toro como el torero, de distintas formas que han evolucionado con los siglos de este arte milenario.

Esta es la descripción real de un conocedor de la materia, en contraste a la suya, que ni respeto tiene por la historia, la cultura, el arte y los intelectuales de todas las tendencias políticas, que han visto lo que usted no es capaz de ver en la hermosa Fiesta Brava. Feliz tarde. Viva y deje vivir. Nadie lo obliga a ir a una corrida de toros.


¡Pura poesía! De verdad que quedé anonadado ante semejantes argumentos. Por cierto, en medio de su emoción a mi interlocutor se le olvidó (tuvo que ser un olvido; él sabe tanto de esas cosas que no pudo ser por otra causa) que el asunto de la corrida no es solo entre el toro y el torero: sin los picadores y los banderilleros ningún torero sale al ruedo. Bueno, como iba diciendo, supongo que en vista de toda esa verborrea seudo intelectual nuestro taurómano esperaba que este ignorante servidor hiciera silencio. No obstante las supuestas banderillas en mi lomo, alcancé a contestarle:

mala argumentación esa de esgrimir la ignorancia del otro porque no opina lo mismo que tú, y donde tú ves arte y poesía él ve algo distinto. No sé a quién vas a apabullar con tu pretendido intelectualismo, pero a mí no. Di mi opinión y no utilizo de muleta a más nadie para decir lo que digo; y lo sostengo, podrán muchos intelectuales conocedores de la historia como tú, apoyar la fiesta brava porque es un arte, pero al toro lo torturan, lo debilitan y luego lo asesinan. Esto último es un hecho objetivo… ah, disculpa mi ignorancia.

Y tienes razón, vive y deja vivir.


Como era de suponerse, al no caer en la trampa de que admitiendo que los fanáticos taurinos tienen derecho a considerar el toreo un arte, entonces automáticamente también admitimos que la tortura y el asesinato del animal carecen de importancia, el encumbrado defensor de la tauromaquia contra atacó con una cortina de humo:

No esgrimo tu ignorancia por la diferencia de opinión, sino por la ignorante descripción que hiciste de la faena taurina. Cuando te sugiero documentarte, no es para que cambies de opinión sino para que te eduques al respecto. Acusas falta de información en lo que llamas “hecho objetivo”. En la tauromaquia se vive y se deja vivir. No andamos persiguiendo a los veganos y animalistas. Eso funciona al revés, pues ustedes buscan de que nosotros dejemos de existir. El muy educado y civilizado taurino, no anda en campañas malsanas contra nada ni nadie. Solo exigimos respeto y el goce de nuestros derechos laborales, culturales y económicos, en una actividad que no está prohibida. Al contrario, está debidamente permisada.


Acto seguido respondí, pero el administrador de la cuenta decidió no publicar mis nuevos comentarios; sin embargo, él sí me hizo uno conclusivo:

Agotada la materia contigo hermano santomasote. No tengo más tiempo y aún teniéndolo, considero innecesario seguir invirtiéndolo en leer tus reiterativos comentarios, uno a uno derrumbado por mis respuestas. Déjele espacio y tiempo a otros necios. No eres el único.


Algún día el mundo será de los necios que se hacen preguntas incómodas.



Alexis Espinoza


domingo, 23 de enero de 2022

Amnesia y conciencia de clase


 


El problema que describe quien habla en el video existe también en Venezuela y en muchos otros países, donde millones de personas cuando suben algún peldaño en la escala económica y/o social, olvidan su origen como por arte de magia y asumen posturas que se corresponden con el modo de pensar de la gente "acomodada", de gente que está muy lejos de identificarse con ellos y menos aún de considerarlos sus iguales. En pocas palabras, pasan a ser "desclasados", porque asumen para sí y defienden los intereses de una clase social a la que realmente no pertenecen.

Seguramente alguna vez ha escuchado hablar a alguien que salió de un barrio y ahora vive un poco mejor, que echa el cuento de que el sitio donde habitaba anteriormente era peligroso, que tenía vecinos delincuentes, traficantes... antisociales de diversa calaña, pero que a diferencia de las otras familias, la suya era de gente sana y honrada, que supo tomar buenas decisiones y hacer un esfuerzo; es decir, cree que él y su familia son la excepción, son distintos y la prueba más fehaciente es que ahora viven en un sitio distinto. Pero resulta que en todos los barrios la mayoría de las familias están compuestas por gente trabajadora, con deseos de salir adelante, honesta y solidaria. Aunque ciertamente en nuestros barrios hay delincuencia (en las urbanizaciones de cualquier clase también), el grueso de la gente no participa de ella; por el contrario, para una mayoría abrumadora de las familias, una preocupación constante es la de tener un ambiente sano donde los y las más jóvenes puedan desarrollarse, y no al revés, como los estratos dominantes quieren que creamos.

La gente desclasada –sin saberlo– se convierte en el perfecto agente transmisor de ese tóxico mensaje que le atribuye injustamente a la mayoría de su clase el daño que en realidad hace una minoría minúscula, pero muy publicitada, al punto de que se invierten ficticiamente las proporciones, con lo cual entonces se sugiere que las mayorías populares son antisociales por naturaleza, creando en grandes sectores cierta vergüenza de clase, que se ha traducido en expresiones como "pobre pero honrado" (difícil que alguien privilegiado económicamente diga de sí mismo "rico pero honrado"), en una suerte de términos opuestos, donde "lo normal" es que la confluencia de pobreza y honradez en una persona sea algo excepcional.

Para nuestro desconsuelo, las personas desclasadas invariablemente actúan en contra los intereses de su verdadera clase y jamás se enteran de ello.



Alexis Espinoza

miércoles, 15 de diciembre de 2021

"¿Biblioteca?... no vale, Wikipedia"

Las nuevas generaciones de estudiantes apenas saben de la existencia de algo llamado biblioteca pública; es más, muchos nunca han visitado una, lo cual hace unas poquísimas décadas era impensable. Estudié en el Grupo Escolar “José Martí” de Sarría, Caracas (sí, ese mismo, el prócer de la Independencia Cubana); allí visité una sala de lectura por primera vez y aprendí a pasar las páginas, sin doblarlas ni ajarlas, cuando tenía seis años; allí supe lo que era una sala de referencia y aprendí a ubicar las publicaciones en los ficheros y a llenar los formularios de solicitud de préstamo); también estudié en el Liceo “Carlos Soublette” (salí bachiller en Humanidades) y en la Universidad Central de Venezuela (donde, por cierto, no llegué a graduarme en la carrera de Letras), todas instituciones públicas que tenían sus bibliotecas no solo como sitio de consulta y estudio, sino de reunión para hacer trabajos y jugar ajedrez o simplemente para ir a hablar bajito. La llegada de mis 59 años es inminente, así que pertenezco a una generación de padres (bueno, ya de abuelos), gracias a la cual todavía hoy existen hogares con un espacio (por lo general pequeño y con pocos ejemplares) dedicado a tal fin.

Es necesario que esas modestas bibliotecas familiares y su patrimonio bibliográfico se conserven y crezcan cuando ya no estemos los nacidos antes de la vorágine electrónica, esa que nos vende la fabulosa idea de que tenemos a nuestra disposición en la red una cantidad de información infinita, a la cual en realidad resulta –por ironías de la vida– humana y materialmente imposible acceder en su totalidad aunque permanezcamos "pegados" a la Internet de forma ininterrumpida durante nuestra vida entera.

La sola sensación de que todo el conocimiento humano está allí nos tiene embobados (no me lo contaron, lo digo con conocimiento de causa: utilizo computadores y teléfonos “inteligentes” a diario), creyendo que de alguna manera somos poderosos por tener una serie de dispositivos electrónicos conectados a la Internet, que nos hacen bólidos de la autopista de la información, aunque en la práctica seamos apenas unos maltrechos viandantes informáticos auto impedidos del sano contacto con esa cosa "arcaica" que son los libros. 

 

Alexis Espinoza

sábado, 27 de noviembre de 2021

Al abuelito como que le dolía la barriga

Relato inspirado en el breve contacto de auditores con niños de Multihogares (2002), en ocasión de la auditoría practicada al Programa de Hogares de Cuidado Diario (PHCD) del Servicio Nacional de Atención a la Infancia y a la Familia (Senifa)


Ilustración: El loco soy yo de Omar Cruz


Afuera está lloviendo, pero aquí hace calor. Se oyen durísimo las gototas chocando contra el techo de zinc. Ahorita todos hablan más duro y el concierto de vocecitas chillonas le gana al agua: primer triunfo del día.

Esta casa es pobre, quizás tan pobre como la suya, pero aquí Luisa, María y Josefina les brindan afecto y protección mientras mamá trabaja. Aquí José consigue todos los días a sus amigos; esos muchachitos que lo ayudan a fabricar fantasías, a luchar contra los monstruos y le dan ánimo cuando va a salir de viaje hacia lo desconocido. ¡Porque hay que ser valiente para llegar tan lejos!... aunque se vaya armado con la imaginación de un niño de cuatro años.

Hoy pasa algo distinto; vino una visita que no es ni mamá, ni abuela, ni hermano mayor. Es un desconocido, un “abuelito” que anota y mira para todos lados, y que se puso contento cuando lo abordó ese enjambre de inocencia por los cuatro costados. No solo es  “hola” o “bendición” también son preguntas, risas, juegos... y se está divirtiendo, ¡hasta le gusta cantar!

Este abuelito es muy curioso y quiere ser pirata, quiere ser rey, también músico o astronauta o domador de leones o, mejor, encantador de serpientes (¡Quiere ser todo, eso no se vale!). A él también le gustan nuestras espadas de oro y nuestras elegantes  muñecas; pero a veces le cuesta verlas... A lo mejor le pasa lo mismo que a Tomás, que a cada rato se pone bravo porque no ve que tiene el carro más rápido o que su barco es el más grande. ¡Qué tonto!

Ya no llueve; tienen hambre otra vez. Casi es mediodía y sus estómagos minúsculos protestan cada vez más, están como en ebullición. Pero definitivamente hoy pasa algo distinto: el abuelito tiene toda su atención y por momentos parece que no les interesa comer. No se sabe quien tiene en el bolsillo a quien, porque este visitante que hasta hace un rato era desconocido y que llegó “un, dos, tres, cuatro...” contando a los niños, ya no anota, ya no habla con Josefina, con María o con Luisa (da la impresión de que se le olvidó que ellas están allí), sino que se desdobla a cada momento en mil personajes tan imaginarios como los juguetes de su inesperada descendencia.

Dice que tiene que irse, que va a visitar a otros nietos. “Pórtense bien. No peleen. Cómanse todo lo que les pongan...”

Isabel le dijo a Rosita que el abuelito cuando se iba tenía la cara como si le dolía la barriga, y Rosita le contestó: “A mí me duele la barriga cuando me pongo triste”.

Alexis Espinoza
Basado en testimonios de compañeros de la Dirección de Control del Sector
Infraestructura y Social de la Contraloría General de la República
Diciembre de 2002

domingo, 14 de noviembre de 2021

Sin ilusiones

 

 (Arriba: Últimas Noticias / Caracas, jueves 22 de julio de 2021)




Cuando se trata de los países del sur del globo, la ONU es tan rápida como un Bradypus tridactylus (como una pereza, pues), ya que se encuentra muy ocupada en asuntos de la burocracia diplomática y en complacer los dictados de eso que los medios llaman "comunidad internacional" (realmente se trata de un puñado de países del primer mundo que vive de torcerles el brazo a las demás naciones y algunos otros no tan poderosos como los primeros pero con serias aspiraciones).

Sin embargo, de cuando en cuando relatores y expertos de la ONU alertan sobre algún crimen de lesa humanidad cometido o por perpetrarse, como ha ocurrido ahora con el doloroso caso de niños venezolanos impedidos de recibir tratamiento –salvar la vida– debido a las medidas coercitivas unilaterales impuestas por EEUU y apoyadas por sus seguidores.

Venezuela aún es nueva en esto de estar bloqueada. Cuba lleva más de seis décadas recibiendo un trato similar, porque a pesar de que cada año la Asamblea General de la ONU (máxima instancia de decisión de la organización) vota abrumadoramente a favor del cese del bloqueo, EEUU lo mantiene y se da el lujo de intensificarlo, así que no me hago ilusiones.

Alexis Espinoza

sábado, 13 de noviembre de 2021

¡No, no lo es!



 



Tuve un momento de confusión –un par de segundos apenas– cuando vi por primera vez esa fotografía: no podía apreciar la diferencia de altura en el piso, la tarima donde estaban montadas sus "altezas reales"; pero enseguida caí en cuenta de que los periodistas se veían en un nivel más bajo porque estaban agachados.


https//:dle.rae.es


Después me pregunté si esa sería la misma prensa española que pontifica a diario sobre la ausencia de democracia y la necesidad de elecciones libres en cuanta ex colonia "rebelde" se les ocurre. No, definitivamente esa no debe ser la misma, porque la otra es enemiga del autoritarismo y la sumisión (inimaginable genuflexa, más bien la idealizo siempre altiva), no le gustan las constituciones de aquellos países donde se permiten aberraciones como la posibilidad de que el pueblo elija a la misma persona jefe de Estado indefinidamente, y esta le rinde pleitesía a un jefe de Estado que heredó el cargo de su 'apá y que se lo heredará a su primogénito, quien a su vez se lo heredará al suyo y así sucesivamente "per saecula saeculorum"... no, definitivamente no es la misma.



                                                 Alexis Espinoza

sábado, 6 de noviembre de 2021

Cogito ergo sum

Alexis Espinoza

 



En el Discurso del método (Capítulo III), Descartes explica cómo su “duda metódica” lo condujo al “primer principio de la filosofía”: cogito ergo sum (pienso, luego soy). A pesar contar con este principio en latín y español, busqué en mi diccionario Spes Latino-español Español-latino, esperando encontrar otro significado para la palabra cogito, más amplio o más específico (no lo sé), que me ayudara a profundizar en el sentido de ese pensamiento, que me guiara hacia otras fronteras distintas a las del pensar como vía para alcanzar el conocimiento, pensar para ser. Y, efectivamente, con las acepciones de cogito que encontré en el diccionario (pensar, reflexionar, imaginar y meditar, entre otras) comenzó a germinar mi idea. De estos vocablos el que por su significado estaba más lejos de lo traducido era imaginar; y por ello me llamó muchísimo la atención.

¿Sería pura casualidad haber encontrado imaginar como significado de tan célebre palabra? ¿Habría pensado alguna vez Renato Descartes en la imaginación como uno de los puntales del ser? ¿Es que acaso el filósofo al “desnudarse” –como lo propone la “duda metódica”– y reflexionar sobre lo que duda, no tiene primero que imaginar?

Esas interrogantes se diluyeron en mi imaginación, ahora no son más que tres puntos intrascendentes, y sólo puedo decir que existe una membrana muy delgada separando los dominios de la imaginación de los del pensamiento, que esta separación no solo es espacial, sino que también hay un tiempo de la imaginación anterior al del pensamiento, y que hay un último eslabón en esta cadena: la palabra... “No creo que la gente piense en determinada lengua... Yo pienso en imágenes, y de la espuma de las oleadas de pensamiento, de cuando en cuando, forman una frase en ruso o una frase en inglés...”(*)

Eso responde Vladimir Nabokov a un entrevistador que, a propósito a su multilingüismo, le pregunta en qué lengua piensa. Las palabras de Nabokov me hacen intuir que la lengua es hija del pensar, es un fruto que se da después de una gestación de imágenes; la imagen es esencia, es motor del pensamiento y junto con éste, hace parir la palabra... Si pensamos para después ser, entonces el hecho de ser radica en el habla y una vez conocida el habla es difícil abandonar esta aventura, porque la realidad humana no se basa en una simple asociación de imágenes que reproducen el mundo exterior...  Cuando piensa, el ser humano crea su realidad, está un poco impreso en cada imagen que nombra, en cada creación suya... La imaginación es una moneda en donde por el anverso están las imágenes que reproducen el exterior, y en el reverso se encuentran las imágenes de adentro. El movimiento constante de esta moneda hace que se mezclen los elementos de las dos caras y da lugar a la creación... “Pensar la imagen, pensarse pensando es el riesgo que asume quien ha sido herido por el lenguaje...”(**)




Caracas, 1983


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*Vladimir Nabokov:
Opiniones contundentes. Taurus Ediciones. Madrid, 1977.
**Hanni Ossott: La imagen: El espacio imaginario, la experiencia de la imagen, disolución de la imagen en
Anuario Escuela de Letras UCV 1979. Ediciones de la Facultad de Humanidades y Educación UCV.
Caracas, 1980.