domingo, 10 de mayo de 2020

La fábrica de máquinas de matar

Este libro se lo recomiendo ampliamente a todas aquellas personas que se dicen venezolanas y están deseosas de que su amo realice una invasión a nuestro país. La recomendación va especialmente para la presentadora de televisión Sasha López (Globovisión), quien en febrero de 2019 manifestó públicamente estar deseosa de que lleguen los marines para tener "gringuitos".
"Cowboys del infierno" (Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2009), escrito por Jimmy Massey (ex marine, veterano de la Guerra de Irak) con la ayuda de la periodista Natasha Saulnier, relata de forma valiente –entre otros hechos– los crímenes de guerra cometidos por el propio Massey y sus compañeros de armas.

A continuación, una muestra del prólogo:

"Los marines son como un pit-bull. Detectan el miedo. Soy un guerrero y me pagan para defender mi país. Puedo dispararle a un enemigo a 500 metros de distancia y hacer que su cabeza vuele en pedazos. Lo he hecho muchas veces.
No nací con esa mentalidad. Fue el cuerpo de Infantería de Marina el que me la inculcó. Todas las mañanas, cuando me ponía el uniforme, me ponía también la máscara de gángster. Eso es lo que hay que hacer para sobrevivir. Nuestro uniforme es nuestro traje de Superman.
La recompensa de los marines son el dinero y las mujeres. Cuando eres un marine siempre te sales con la tuya. Eres una superestrella. Eres un gladiador y, como puedes morir al día siguiente, el libertinaje está permitido.
Pero ahora estoy de regreso en Estados Unidos y, ¿quién me quiere?
¿Qué sociedad necesita a un maldito asesino?" 

lunes, 4 de mayo de 2020

Contra Venezuela en plena pandemia






No es nada nuevo lo que está pretendiendo hacer el aparato militar-industrial-sionista (representado por Donald Trump), contra Venezuela en plena pandemia. Ya hace décadas (y hasta más) que eso que no pocos llamamos "El Imperio", se empeña en seguirnos dando razones para nombrarlo así.
En la fórmula de intervención imperial es invariable la presencia de mercenarios y narcotráfico, amén de terceros países dispuestos a participar en la jugada: para perpetrar los hechos frustrados ayer (3 de mayo de 2020), hoy y posiblemente en días subsiguientes, el gobierno estadounidense y sus cómplices internos se sirvieron para la parte operativa de la “empresa de seguridad” (eufemismo para banda de mercenarios) Silvercorp y para la logística durante la preparación de “Doble Rueda” (Elkin Javier López Torres), conocido traficante de drogas internacional colombiano que trabaja a las órdenes de la DEA y en cuya hacienda de La Guajira colombiana, protegidos y apoyados por el gobierno neogranadino, estuvieron viviendo y recibiendo entrenamiento alrededor de 90 individuos antes de que al menos dos tercios de ellos, partieran hacia Venezuela.
Para no abundar mucho en mis palabras respecto a lo histórico de las prácticas imperiales, dejo a continuación para ustedes un buen fragmento de la columna Dossier (diario Últimas Noticias, 2003), donde el periodista venezolano de origen uruguayo, Walter Martínez, rememora algunos episodios muy ilustrativos del caso "Nicaragua" (década de 1980):

 

El discurso de la Guerra Fría
En los años de la Guerra Fría, cuando me tocó ser enviado especial en Nicaragua y El Salvador, entre otras zonas de Centroamérica, el hoy [octubre de 2003] Embajador estadounidense en la ONU, John Negroponte, lo era en San Salvador. El depuesto Sub-secretario de Estado Otto Reich (Dossier, “El Paracaidista de la Casa Blanca”, Últimas Noticias, Jun 16, 2002) producía y firmaba artículos de prensa con nombres ajenos y se dedicaba a la propaganda de guerra. Algunos conocidos colegas le hacían el juego. Existía la Unión Soviética y Centroamérica era el Teatro de Operaciones de una guerra de baja intensidad, donde los latinoamericanos poníamos los muertos. La idea era crear un casus belli contra la rebelde Nicaragua. Honduras sería el portaviones y, quizá, la muy respetada Costa Rica iba a ser la virgen violada. Los paramilitares de moda eran los “Contras”. Pululaban en América Central los “civiles” que en realidad cumplían funciones militares muy específicas. ¿Alguien recuerda “Air America” y los “civiles” que actuaban en Laos y Camboya? Ahora una nueva generación de ellos puede ser vista en las compañías que aparecieron como amapolas después de la lluvia en torno al Aeropuerto El Dorado de Bogotá, o tripulando los aviones fumigadores. En Vietnam era el “Agente Naranja”. En Colombia es el Glifosato. ¿Alguien recuerda a Eugene Hassenfus? Fue el sobreviviente del C-123 derribado por los Sandinistas cuando llevaba armas a los Paramilitares entonces llamados Contras y, a la vuelta traían cocaína para financiarlos y financiarse ilegalmente. Con ellos andaba un tal Félix Rodríguez, miembro de un equipo especial de asesinato de la CIA; el mismo que estuvo en la Casa Blanca en la fiesta de navidad de Bush padre en 1985, y que en junio de 1986 fue llamado a Washington para ponerlo frente a Oliver North y dar una explicación al Congreso sobre las llamadas telefónicas a Tony Abrigan y Martha Money, periodistas estadounidenses en Costa Rica, llamadas que North había grabado. Rodríguez era co-Director de Giro Aviation, una compañía co-propiedad de la CIA. En octubre de 1984, su socio, Gerald Latchinian, fue arrestado por contrabandear más de 10.3 millones de dólares en cocaína para financiar el asesinato del presidente hondureño Roberto Suazo Córdova. Lactinian mantiene que era una operación de la CIA. Recuperado el cadáver de Buzz Sawyer, el piloto del C-123, tenía en su bolsillo el número privado de George Bush padre en la Casa Blanca. Hassefus testimonió que trabajaba para la CIA bajo las órdenes de Max Gómez (alias Félix Rodríguez) y Ramón Medina (alias Luis Posada Carriles) con el conocimiento y aprobación de George Bush. La Compañía Telefónica de El Salvador confirmó llamadas de la tripulación desde “casas seguras” a los números de la Oficina del Tte. Cnel. Oliver North en la Casa Blanca (Acres USA, agosto 1990, citado por David P. Beiter). ¿Debería preocuparme hoy día porque Linda Robinson, de US News and World Report afirma: “He estado en Venezuela; y aunque no puedo afirmar que vi con mis propios ojos este campamento, (se refiere a las Farac en nuestro territorio) tengo información precisa y testimonios de primera mano que prueban su existencia” (?) Cuando quieras, Linda [Robinson, autora de un reportaje de sobre los supuestos nexos del gobierno venezolano con el terrorismo internacional], te llevo a la frontera.
Walter Martínez
Dossier (Fragmento). Diario Últimas Noticias. Caracas, domingo 5 de octubre de 2003. Pág. 54.

jueves, 30 de enero de 2020

Coletazos de carné (sobre corsé y otras palabras)



A propósito del interés de Yajaira Grimont

y Bárbara Jiménez en el asunto





La ortografía es sobre todo arbitraria (ella procura que una palabra se escriba de la manera como se ha venido pronunciando durante cierto tiempo, por un número significativo de hablantes para quienes la lengua en cuestión es la materna). Por eso existe un “orden” que pocas veces nos parece lógico: la ortografía se vale de convencionalismos para tratar de establecer un único código que permita de forma económica, la comunicación escrita de la mayor cantidad de individuos posible. Esos convencionalismos privilegian principalmente los usos históricos. Si en español no existe la terminación de vocablos en la consonante t (por decir algo) y entonces toma prestada de otra lengua una palabra que originalmente termina con esa consonante, nuestra ortografía la absorbe y suprime esa t final, como ocurre con corset (del francés), que en español se escribe corsé.

Hay otras palabras, específicamente los nombres que llamamos propios (los apellidos Font, Millet y Grimont, entre muchos otros) que, tal como sabemos desde la escuela primaria, aunque los pronunciemos cien por ciento en español [fon, millé, grimón...], los debemos escribir en su lengua original.

Nuestra ortografía impone usos que muchas veces nos cuesta entender; en otros casos nunca llegamos a entenderlos. De todas maneras (y no es consuelo de tontos) lo más importante es que internalicemos los usos, no que entendamos la ¿lógica? ortográfica.



Alexis Espinoza

octubre de 2003

viernes, 3 de enero de 2020

¿Vaso de agua o vaso con agua?


A Juan Manuel y a Delna



El vaso no está hecho de agua, es de vidrio, plástico, aluminio..., por lo tanto no es correcto decir un vaso de agua, sino un vaso con agua”. Ante un argumento de una lógica tan aplastante, no son pocas las personas que de inmediato pasan a engrosar las filas de las y los que hacen el esfuerzo por eliminar tan bochornosa expresión de su vocabulario. Suponemos entonces que es solo cuestión de tiempo para que, en virtud del argumento expuesto, vayan cayendo también tradicionales expresiones como taza de café o plato de espaguetis; sin embargo, su supresión pasa por resolver algunos asuntos como ¿qué digo cuando quiera echar el cuento de lo que ingerí: “me tomé un vaso con agua”, “comí un plato con espaguetis”, “me bebí una taza con café”? Pero yo no me tomo el vaso o la taza, ni me como el plato, solo ingiero lo que contienen; decirlo así parece que tampoco tiene mucho sentido.


Si usted es de quienes prefieren pedir un vaso con agua, sepa que está solicitando una cantidad indeterminada de líquido (podrían entregarle el vaso con por ejemplo la mitad, un cuarto o aún menos H2O), mientras que si pide un vaso de agua, está precisando la cantidad de líquido que desea recibir (toda la que pueda contener el vaso). Vale decir que por esas sutilezas que tiene nuestro idioma, como acabamos de ver, aun cuando nada impide que podamos usar cualquiera de las dos expresiones, la carga de significado de ambas es distinta.



 La noción de cantidad está siempre presente al emplear la preposición de entre el nombre de cualquier recipiente y la materia en él contenida (vaso de agua, lata de manteca, barril de petróleo…), tanto como lo está cuando se encuentra entre la denominación de cualquiera de las unidades de medida convencionalmente establecidas y aquello que mide (kilo de arroz, metro de tela, litro de aceite…). Por lo tanto podemos beber tranquilos medio vaso de agua, utilizar dos latas de manteca o refinar un barril de petróleo, sin que ningún hablante de español promedio imagine que nos referimos a la mitad de un vaso fabricado con agua, a latas hechas de manteca o a un barril cuyas paredes son de petróleo. 

Alexis Espinoza

lunes, 19 de agosto de 2019

Comics, súper héroes y afines




El furor que ha causado en algunos sectores de la población venezolana el estreno del último film de súper héroes migrados de las tiras cómicas en periódicos y del viejo “suplemento” a la televisión y, más recientemente, al cine y videojuegos, tocó mis recuerdos sobre lo ocurrido desde enero de 2019 en ciertas manifestaciones políticas, donde pudimos ver gente disfrazada de Capitán América o Batman –entre otros personajes–, cuyo episodio más “curioso” hasta ahora, a mi entender, aconteció la mañana del domingo 27 de enero en la iglesia de Santa Bárbara (parroquia Caracciolo Parra, municipio Libertador del estado Mérida), cuando el cura de turno ofició misa flanqueado por dos jóvenes, a la sazón ataviados como el Capitán y la Capitana (?) América.



Una pregunta: ¿Qué habrá detrás de los súper héroes?


En su polémico ensayo publicado en 1959, La literatura y sus enterradores (recogido en Literatura y subliteratura, Ediciones de la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela, Caracas, 1966. Referencia para todas la citas textuales que siguen), el catedrático Segundo Serrano Poncela (SSP) expone con cierta preocupación que:


Hace años, el psiquiatra G. Legmann publicó en la revista Neurótica un artículo sumamente aleccionador, en cuyo párrafo inicial, tajante y afirmativo, se manifestaba que las generaciones norteamericanas posteriores a 1930 no saben leer bien, no muestran interés en el aprendizaje, siguen desinteresándose y no aprenderán nunca, consistiendo su máximo esfuerzo intelectual en descifrar carteles publicitarios, oír programas de radio y televisión, asistir al cine y hojear revistas ilustradas y comics. En tales condiciones, no le parecía aventurado afirmar que la letra impresa, en Estados Unidos, se encuentra en vías de desaparición como instrumento elevador de la cultura. Creo que el pronóstico ahora mismo continúa siendo válido y, por desgracia, extensivo a otros países.

(…)

El secreto del éxito sin precedente de los comics se debe, en buena parte, al uso que hacen de la explotación de los instintos sádicos y la violencia en niños y adultos de inteligencia retardada. Consagrados en su mayoría (…) al culto de los puños, las armas, la astucia y la muerte (…).



¡Y eso que ni Legmann ni Serrano Poncela conocieron a las nuevas generaciones, adictas a los videojuegos y a la internet!



Industria del entretenimiento versus entretenimiento inocente


Hoy conocemos de sobra la existencia de las grandes industrias del entretenimiento (suena inofensivo, ¿no?) que están detrás de la reaparición de antiguos súper héroes, dos de las cuales (Marvel y DC Comics) se pelean –al mejor estilo de sus personajes– por la tajada más voluminosa de ese mercado planetario y multimillonario en dólares y en cantidad de consumidores. SSP bosquejó de forma algo escueta pero eficaz, lo que en ese entonces (1959) todavía era una maquinaria incipiente:


La vasta y bien organizada industria del comic tiene a sus servicios expertos en publicidad, psicólogos y pedagogos, amén de autores y dibujantes, y trata de extender su esfera de influencia con el minucioso cuidado que pondría en ello el más exigente empresario en una isla de Utopía [SSP habla con ironía y para ello se refiere al Estado ideal descrito por Tomás Moro en su libro Utopía, donde los ciudadanos se esfuerzan para obrar de forma óptima en función del bien común]. Abarca entre sus consumidores desde la tierna criatura de instintos aún indiferenciados, que cuenta con seis años de edad y gusta pelar vivos a los pajaritos, hasta el imberbe adolescente y buen número de adultos (…).


(…) Tales sujetos imaginarios [los súper héroes] propuestos a la admiración imitativa y beata de millones de adolescentes, pertenecen al mundo de la maravilla técnica, son esquemas de ideales hombres del futuro capaces de atravesar, raudos como la luz, distancias inverosímiles, hacerse invisibles, perforar las paredes, detener al sol si es preciso. Estas cualidades son puestas al servicio de un tipo peculiar de justicia que subvierte el orden jurídico colectivo y propugna de nuevo, al cabo de aparentes milenios de progreso, la ley del Talión y la venganza privada. Ni jueces severos ni policías activos sirven para mantener el orden; aún más, son superfluos. Basta con la instancia única e inapelable del hombre de puño de hierro, ya que donde aparece impone la ley, la venganza se cumple, se restablece la justicia de acuerdo con su mejor saber y entender.

(…) la moraleja antes explícita en los fabulistas (…), pierde ahora edulcoración y es sustituida por otras más sencillas de aprender que podrían resumirse así: el astuto siempre gana, desarrollemos los instintos de agresividad, simplifiquemos la mente porque toda singularidad intelectual segrega de la masa. Esto repetido millares de veces, no deja de producir sus efectos.



No sé por qué, pero acabo de recordar de nuevo las manifestaciones políticas de la derecha venezolana en enero de este año (2019).



¿Quiénes son los enemigos de los súper héroes?, ¿cuáles las amenazas y los peligros que conjuran?


La industria del cómic y ahora también las del cine, la televisión y los videojuegos, se encargan de mantener los niveles de miedo, violencia y estupidez necesarios para que, en principio, el pueblo estadounidense y por extensión del negocio y la transculturización, el resto del “mundo libre”, sean proclives a entregar sus libertades a cambio de seguridad. Así, en períodos bien definidos, el rostro de los enemigos en la industria del entretenimiento ha tenido distintos rasgos (II Guerra Mundial: alemanes y japoneses; Guerra Fría: soviéticos y alemanes orientales; desde finales del siglo XX: árabes y musulmanes, y más recientemente se les han sumado chinos y rusos). Sin embargo, existe una especie de enemigo “comodín” que en momentos de baja beligerancia ha sido el encargado de sembrar el terror: el alienígena interplanetario, ser que reúne lo peor de esos extranjeros que les quitan el sueño. Acerca de ellos también nos habló SSP:


Para el cerrado cuerpo de Superhombres desconfiados y desafiantes, cada ciudad encierra en potencia un grupo de conspiradores, traidores y espías; los secretos militares se encuentran siempre a punto de ser sustraídos por el enemigo; los cargos públicos están ocupados por gentes corrompidas, en el planeta Marte o en la Luna se prepara una invasión de la Tierra; bombas atómicas son almacenadas en lugares misteriosos con objeto de atentar contra la humanidad, etc. Histeria colectiva e imaginaria. Allá donde el ejército, la marina o los servicios de inteligencia resultan impotentes aparecen Super Acqua, Black Terror, Captain Marvel, Golden Arrow y el conflicto queda resuelto. Parece imposible que millones de jóvenes y adultos sean capaces de devorar esos miles de imágenes (…) sin entumecerse de estupidez.



No sólo de súper héroes vive el hombre


Fuera del circuito de los grandes monstruos del entretenimiento, siempre han existido comics de naturaleza distinta a la mencionada más arriba. Muchos incluso han sido llevados al cine y/o la televisión, claro, sin una gran pretensión ni el enorme respaldo económico, técnico y comunicacional del que gozan las creaciones de las principales productoras estadounidenses. Generalmente sus protagonistas no son súper héroes, sino más bien anti héroes alejados de los estereotipos impuestos por Marvel y DC Comics, o héroes/heroínas con referentes históricos o culturales locales. Como es de suponer, esos “fuera de serie” no alcanzan una difusión “global”; sin embargo, suelen traspasar las fronteras de sus países de origen y tener buena acogida entre público de otras naciones. Estos comics de autor tienen en común el hecho de que entre sus ingredientes infaltables están el humor y el ingenio, combinación que acaricia el intelecto de quienes se dejan atrapar por sus aventuras y desventuras. A continuación les dejo una lista muy pequeña, pero donde prevalece la diversidad, como invitación a explorar comics alternativos a los de súper héroes:

  • Asterix el Galo (René Goscinny y Alberto Uderzo), la historia trastocada de las Galias y sus alrededores (Francia);
  • Elpidio Valdés (Juan Padrón), un coronel mambí y sus peripecias en la Guerra de Independencia de Cuba (Cuba);
  • Mafalda (Joaquín Lavado “Quino”), una niña sensible al acontecer mundial que cuestiona lo que ocurre a su alrededor (Argentina); y
  • Mortadelo y Filemón (Francisco Ibáñez), cómo a pesar de torpezas de todo tipo se puede llevar una agencia de detectives y sobrevivir (España).

    Alexis Espinoza
    abril/mayo 2019

domingo, 18 de agosto de 2019

¿Qué tal?





Nuestro recuerdo más reciente de José Rodríguez Iturbe data del Carmonazo. El 13 de abril de 2002, cuando Pedro Carmona Estanga (presidente de Fedecámaras, conciliábulo de la plutocracia criolla) “animado” por el pueblo que se agolpó frente al palacio de Miraflores, pegó la carrera y dejó atrás a buena parte de sus flamantes ministros e invitados a la bacanal golpista, quedaron regados una serie de objetos y papeles (algunos muy curiosos, como la casaca de cierto almirante edulcorado que se quitó el uniforme antes de huir valientemente), entre los cuales se encontró una lista titulada Candidatos, con anotaciones de puño y letra del mismísimo presidente auto nombrado, de donde a propósito de la tan cacareada y necesaria separación de poderes, vale destacar los nombres de quienes juramentaría como titulares de la Contraloría General de la República (Liliana Hernández), el Ministerio Público (Gerardo Blyde) y el Tribunal Supremo de Justicia (Alan [sic] Brewer Carías, Román Duque Corredor, Carmen Elena Crespo y Carlos Ayala Corao), cuyos nombramientos en ningún caso le corresponden al Poder Ejecutivo. Por cierto, el espacio donde debía estar el nombre de quien ocuparía la Defensoría del Pueblo se encontraba vacío (eso de defender al pueblo como que no estaba en las prioridades del “gobierno de unidad nacional”)… bueno, detallitos del poder absoluto.

Como venía diciendo, nuestro recuerdo más próximo de Rodríguez Iturbe es de aquel día, en la lista, donde apareció junto a Fernando Gerbasi, candidateado para el Ministerio de Relaciones Exteriores, solo que había un visto bueno en el nombre del primero y estaba tachado el del segundo.

Apenas cinco años antes (1997), José Rodríguez Iturbe había publicado Repensar la política (El Centauro Editores, Caracas), de donde ofrecemos el fragmento que sigue:
La oligarquía es cobarde. Teme a las convulsiones en el seno de la comunidad. Procura no acercarse jamás a los escenarios de combate. Y si se acerca, deja a sus muertos y heridos en el campo de batalla. A pesar de su infantil apoliticismo, esa plutocracia sabe que el caos la devoraría a ella antes o a la par que a los políticos. La plutocracia busca cómplices, elementos conscientes o inconscientes; pero casi nunca se arriesga al protagonismo.

¿Qué tal?…

Alexis Espinoza
10 de marzo de 2019

sábado, 21 de abril de 2018

CONFLICTO DE BAJA INTESIDAD




El texto que sigue lo leí por primera vez a principios de la década del 2000; hoy lo que allí se dice está más vigente que nunca: EEUU no ha cambiado su libreto y a Nicaragua en estos momentos (abril de 2018) le están aplicando otra vez la vieja receta que le administraron en los años 80 del siglo pasado, y de la cual viene siendo víctima Venezuela desde que comenzó el siglo XXI. Así que cualquier parecido entre lo que se cita más abajo y lo que actualmente ocurre en Venezuela y Nicaragua no es ni remotamente una coincidencia.

“Conflicto de baja intensidad” en el Caribe: la fase preventiva
(En Venezuela y las relaciones internacionales en la cuenca del Caribe. Andrés Serbin [Compilador]. Coedición Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales y Asociación Venezolana de Estudios del Caribe. Caracas, 1987. Páginas 43-46)
Isabel Jaramillo Edwards
La percepción[1] estratégica norteamericana actual ubica a todo el Tercer Mundo en lo que se denomina área de “conflicto de baja intensidad”.
El “conflicto de baja intensidad” (LIC), según el Mandate for Leadership II de la Heritage Foundation[2] “es una estrategia a través de la cual los programas de ayuda pueden ser realizados en regiones conflictivas sin la carga ominosa que significa la intervención militar” directa. Esto significa tratar de evitar los debates en el Congreso. Los movimientos antibélicos, los marines muertos devueltos a Estados Unidos, en definitiva evitar todo aquello que significó un alto costo en la guerra de Vietnam.
Esta doctrina bélica contempla el uso de elementos paramilitares, guerra económica, propaganda y desestabilización, operaciones antiterroristas, etc. [...]
Aunque el concepto “conflicto de baja intensidad” se deriva de lo que los estrategas militares llaman “espectro del conflicto”, se está generalizando en el establishment de la defensa y think-tanks dedicados al tema, como concepto globalizador de una variedad de “hechos” y “sucesos” o “conmociones sociales” que se suceden en el mundo subdesarrollado producto de una situación de explotación crónica y creciente depresión económica y endeudamiento externo.
El ajuste del antiguo pensamiento estratégico y el desarrollo de una nueva concepción de la política que contempla la utilización de la fuerza militar como un instrumento de política exterior, se debe –según Weinberger– a “los cambios en la política internacional y en el equilibrio militar global” que han creado una “nueva geografía de conflicto” para lo cual es necesario “un aparato militar flexible y móvil que pueda adaptarse rápida y decididamente”[3] a los intereses de Estados Unidos donde quiera que estén.
[...]
Esta “nueva geografía” no es realmente nueva sino que retoma, adecúa y decanta viejas concepciones para justificar “intervenciones selectivas”[4] .
[...]
Se plantea que Estados Unidos debe estar preparado para enfrentar “una amplia gama de amenazas ambiguas en el área oscura entre la guerra de envergadura y la paz milenaria...”, reiterándose la necesidad de “estar preparados para comprometer su poder político, económico y, si fuera necesario, militar cuando la amenaza sea aún controlable y cuando su uso prudente pueda impedir que esa amenaza evolucione”[5].
[...]
El llamado “conflicto de baja intensidad” es entonces un concepto de dimensión estratégica que integra medidas políticas, económicas, sociales y militares que tienen por objeto “ganarse al pueblo” y “evitar ciertos resultados” obviamente referidos a procesos revolucionarios e incluso a medidas modernizantes o reformistas que tengan lugar en los países del Tercer Mundo, y que Estados Unidos estime que atentan contra sus intereses.  Incluye el uso de la fuerza militar como elemento “disuasivo”, y en una fase extrema del “conflicto de baja intensidad”, se contempla la participación directa de tropas de Estados Unidos cuando el país (o región) afectado no haya sido capaz de solucionar el problema en base a las medidas internas implementadas con ayuda y asesoría norteamericana en todos los niveles, para lograr la llamada “construcción de la nación”.
[...]
En Centroamérica, como “peligro inmediato”[6], el “conflicto de baja intensidad” se encuentra en la fase ofensiva. Estados Unidos financia abiertamente a la contrarrevolución, satura el escenario de maniobras y ejercicios bélicos con aparente intención “disuasiva” pero cuyo carácter potencialmente agresivo es indudable, además de obstaculizar soluciones negociadas[7], en un intento por revertir la revolución nicaragüense e impedir el avance del movimiento revolucionario salvadoreño de forma de mantener artificialmente y agudizar el conflicto local.



[1] Las percepciones adolecen de un peligro interpretativo porque corresponden a una interpretación intencional de la realidad donde inciden elementos de propaganda, desinformación y parte de información real dirigida interesantemente que puede encubrir la realidad o parte de la realidad misma.
[2] R. Shultz: Low Intensity Conflic. 1984. pp. 264-270.
[3] M.T. Klare: The Reagan Doctrine, Inquiry, March-April 1984.
[4] G. D. Foster: “On Selective Intervention”, Strategic Review, Fall 1983.
[5] G. Shultz: Remarks on Low intensity warfare conference, 15 de enero de 1986; National Defense University. Conferencia Convocada por el Departamento de Defensa y National Defense University.
[6] Isabel Jaramillo: Centroamérica: el peligro inmediato. Ponencia Conferencia contra la Carrera Armamentista por la Paz y el Desarrollo. La Habana, enero 1985.
[7] “Las negociaciones no son el objetivo de la política exterior norteamericana, son el medio por el cual se logra ese objetivo... sabemos que las negociaciones y la diplomacia que no están respaldadas por la fortaleza son, en el mejor de los casos, ineficaces, y en el peor de los casos, peligrosas”, G. Shultz, Discurso ante Veteranos, Chicago, 21-8-84.